Cuarenta y ocho

2707 Palabras

Vi los labios de Kris temblar, eso era señal de que tenía frío, era normal que lo tuviera, si aún contenía la ropa mojada debajo de la cobija. Soltando un suspiro giré el rostro hacia la cocina, ahí había un horno en el cual mi madre y la tía Magda preparaban la comida, pero era a leña, bajé la mirada hacia abajo del fogón y encontré varios palos, al parecer la suerte nos acompañaba, después de casi un año la leña permanecía en casa, solo esperaba que hubiera con que encender el fuego —Veré si puedo encender eso, debes calentarte—, caminé hasta ahí. —Eras muy bueno haciéndolo antes—, Kris se acomodó en uno de los largos bancos de madera que nuestras mamás habían construido, la miré y sonreí, porque tenía razón, yo aprendí a encender el fuego. Después de que Frederick y mi padre se marcha

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