Por Elizabeth Estoy realmente desorientada, cuánto más la observo, menos puedo creer que mi marido me haya dejado por ella. -Por tu culpa no nos casamos todavía. Insiste. La miré nuevamente con una sonrisa. Si esta es la mujer por la que me cambio, ya debe estar arrepentido y por lo que ella me dice, él no debe estar enterado que vino a verme. Sino, no hablaría de los papeles del divorcio. -Señorita, le pido que se retire, no tenemos mucho de qué hablar usted y yo. Esta mujer no puede ser la que Gonzalo tiene a su lado, por la que me dejó aquella noche, creí que se iba a presentar ante mí, alguien especial, bueno sin dudar, ella es especial... -Yo le doy lo que vos nunca le diste y los mejores tríos y de vos ya se olvidó. Sin contestarle, intenté cerrar la puerta de la calle. M

