🌜LIA🌕🌓🌑 Él continúa besándome sin tregua, como si temiera que, si se detiene, yo vuelva en mí y lo aparte. Sus labios no piden permiso; reclaman. Su perfume me envuelve, espeso, cálido, mezclándose con el olor de mi propia piel encendida. Sus manos grandes recorren cada curva con una firmeza que no deja espacio para dudas, apretando, marcando territorio, aprendiendo cada forma como si la memorizara con los dedos. Su boca desciende lentamente, dejando un rastro ardiente hasta mis pechos. Los reclama con hambre contenida, su lengua dibujando círculos que me arrancan gemidos bajos, involuntarios. Mi respiración se rompe. Todo en mí responde. Es un frenesí que crece sin control, un incendio que ya no quiero apagar. No debería estar pasando. Lo sé. Pero no me muevo. No lo detengo. Mi cuerpo
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