4. Solo Yelen

2509 Palabras
El peculiar sonido del huevo frito en el sartén fue lo que irrumpió aquel silencio mortífero que invadía la casa. Me dedique a cocinar mientras bajaba constantemente la llama de la estufa para evitar que mis pensamientos me invadieran y el desayuno se quemara. Me encontraba distraído. Distraído y frustrado. Me frustraba el hecho de que no podía hacer que Yelen saliera de esa maldita habitación y no se dedicara a nada mas que llorar. Estos días que la había mantenido a mi lado, no había hecho otra cosa que no fuera llorarle. Erick, Erick. Susurraba entre sueños y eso no hacía mas que incentivar la ira que yo tenía por aquel hombre. Erick Sallow no se merecía tal devoción ni después de muerto. Coloque el huevo frito en un plato color azul que había dejado sobre la isla de cocina. Ella había despreciado todos y cada uno de mis intentos por hacer que comiera algo, había repetido la misma mierda una y otra vez, no se cansaba de recordarme en la cara que yo había matado a su querido Erick – lo que no era verdad, pero que ella así lo creía –; no iba a decirlo, más bien, jamás planeaba decirle lo contrario, todo sería mejor si ella pensaba que Erick había muerto, esa era la única manera para que ella pueda mantenerse. El estruendoso sonido de la alarma de la casa comenzó a sonar, haciendo que el chillido del aparato de seguridad inundara toda la casa. Giré uno de los botones del panel de control de la estufa para lograr apagarla e ir averiguar el motivo por el cual la alarma comenzó a sonar. Nadie mas que April – quien una vez me había seguido a escondidas en el pasado – conocía la ubicación de esta casa. Con pasos sigilosos me encamino hacia la puerta, tomo la pistola que había dejado sobre la mesita de vidrio de la sala y la coloco en la apertura del cinturón detrás de mi pantalón. Los golpes en la puerta se incrementan conforme avanzó hacia ella. Al llegar al vestíbulo, miró por la pantalla digital que conecta con la cámara de seguridad que ésta afuera, lo primero que veo al mirar por ella, es el rostro furioso de Zev Ivanov. Abrí la puerta lentamente provocando que ésta rechinara al contacto con el piso debajo de ella. Cuando abrí la puerta por completo, no tuve ni siquiera el tiempo necesario de preguntar a mi hermano por su repentina visita ya que el impulsivo Zev Ivanov ya me había tomado del cuello de mi camisa haciéndome salir bruscamente de la casa a penas me vio abrir. – Eres un idiota demente – susurró entre gruñidos. Apretó el agarre en mi camisa haciendo presión en ella para después propinarme un golpe en el abdomen que provoco que el aire se escapara de mis pulmones. – Un completo idiota. Has perdido el juicio en estos días – siguió mascullando mirándome con furia. Sus ojos azules iguales a los míos, me miraban con recelo. Zev alborotó su cabello tratando de controlar su impulsivo carácter mientras daba vueltas por el patio en clara señal de desesperación. Yo tome aire constantemente en grandes bocanadas, tratando de regulizar mi respiración ante el golpe propinado por Zev. Cuando el aliento volvió a mi, miré con claridad a la persona detrás de Zev. April. Le dedique una mirada llena de rabia, ella se encogió en su lugar al verme. – Ni te atrevas a verla de esa forma. Ella no dijo nada. ¿Creías que te llevarías a la prometida de los Sallow y nadie iba hablar de ello? ¿Siempre fuiste tan idiota? Desvíe mi mirada de la de mi hermano. Si había algo o alguien quien fuera capaz de lograr doblegarme, ese sería Zev Ivanov. La única persona en toda Rusia que realmente se asimilaba a un león. Era fiero, despiadado, prepotente e impulsivo, en pocas palabras, era alguien de quien temer cuando esta molesto. Zev Ivanov era una bestia incontrolable. – Lo siento – me disculpé en un susurró. Zev rió con sarcasmo. – ¿Estas jodiéndome cierto? – rugió. – Le disparaste a Erick Sallow y tomaste a su maldita prometida, ese no era el plan Leander, lo sabes muy bien. Acorte los pasos que me separaban para ir hacia él aunque Zev desprendiera esa aura tan atemorizante, pero esta no era la primera vez que él se ponía de esa forma, de alguna manera, me había acostumbrado a sus ataques de ira y a sus golpes impulsivos después de años de vivir a su lado. – El plan sigue en marcha – afirme al llegar a su lado. Zev no dijo nada, su mirada se tornó oscura y me miro con severidad, pero antes de que él pudiera decir algo mas, fue April quien se adelantó a hablar. – No lo harás. Leander nunca podrá completar la misión porque se enamoro de esa mojigata – dijo con resentimiento. Los ojos marrones de April evitaban mirarme, sus manos temblaban ligeramente e intento ocultarlo al cerrarlos en puño. Ella temía mi reacción y con clara razón tenía que hacerlo. – ¿Qué estas diciendo? – inquirió Zev desconcertado. – Estupideces, ¿que más diría April? No estoy enamorado de esa chica. – Bien. Entonces, ¿porqué no seguiste el plan? Esto no es un juego Leander, es una tarea, una misión que te fue encomendada por nuestro padre, ¿sabes lo molesto que se pondrá cuando los rumores lleguen a él y se enteré que no hiciste lo que él pidió?, ¿que sepa que pasaste a su orden y cambiaste las reglas del juego?. ¿Sabes lo que pasara entonces? No, no lo sabes – dijo con mofa mientras sacudía su cabeza de un lado a otro. – Si lo supieras, no hubieras hecho tal idiotez. No solo va a castigarte por lo que hiciste, no te mataría, porque él jamás sería capaz de matar a su propia sangre, ¿pero sabes que es lo que si hará?, matara a esa chica frente a tus propios ojos. Si estas enamorado de ella o no, es algo que no me interesa en lo mas mínimo, eres mi hermano y no quiero cerrar mis ojos cuando ese hombre te ponga una mano encima. Miré hacia un punto fijo hacia el horizonte. Zev siempre había sido de esa manera al ser el mayor de los cuatro, su instinto protector y el entorno de vida en el que fuimos criados fue lo que lo obligó a convertirse en la persona que ahora es. – Voy arreglar esto. Solo.. – ¿Solo qué? – preguntó desafiante. Blanqueo los ojos con frustración, deteniendo mi mirar hacia el cielo mientras buscaba las palabras correctas que decirle. Aunque no tenía ninguna respuesta que pudiera agradarle mucho. Había sentido compasión por el enemigo. Esa era la única respuesta que podía darle. Había tenido misericordia hacia ella y eso fue lo que me llevó a llevar acabo un plan tan impulsivo como el mismo Zev Ivanov. – Chicos – el tembloroso susurró de April fue lo acabo con el silencio sepulcral entre nosotros. Su dedo índice estaba apuntando hacia arriba, sus labios se encontraban temblando ligeramente y su rostro estaba pálido mientras miraba hacia el lugar que señalaba. Ambos nos giramos lentamente a ver el lugar al que señalaba. Mi corazón se detuvo en ese momento. En el momento en el que la vi ahí, parada en el barandal de madera del balcón, con las lágrimas que aún seguían cayendo de sus ojos, mi corazón se encogió dentro de mi pecho. Se encontraba mas pálida que ayer, sus labios estaban secos y su lacio cabello se encontraba hecho un desastre, al igual que ella. Todos estaban igual de estupefactos que yo, ninguno se había movido de su lugar. Nos habíamos quedado congelados viendo la escena. Logré reaccionar en el momento en el que ella hizo ademán por tirarse del balcón. Corrí hacia ella como si mi vida dependiera de ello. – Yelen – susurré al estar frente a ella. – Yelen por favor, baja de ahí. Ella negó entre lágrimas. Estaba cansada, podía notarlo debido a las ojeras que se marcaban debajo de sus dulces ojos color miel. – Zev. Ve por ella – implore a mi hermano quien no dudo en hacer lo que ordene. Zev corrió dentro de la casa. Yo me mantuve ahí, viéndola fijamente mientras le rogaba porque no decidiera aventarse. Pero mis suplicas no significaban nada para ella. Ni siquiera me había dirigido la mirada. Yelen tenía la vista fija en el suelo debajo de ella, sumida completamente en sus pensamientos, ignorando todo a su alrededor. Mi voz no lograba alcanzarla. Ella volteo por última vez hacia el cielo, la oí murmurar algo que no pude entender, para después dejarse caer sin dudarlo mas tiempo. – ¡Yelen! – grité al verla caer. Me apresure a ir a su encuentro, sin importarme nada mas, sin analizar ninguna otra opción, porque ya no la había. Lo único que podía hacer para amortiguar su caída, era logrando atraparla en su trayecto. Su vestido blanco ondeaba por el viento y cuando estuvo a centímetros de mi, logre atraparla en el aire, provocando que ambos cayéramos al suelo. Ella encima de mi, porque fui yo quien impidió que su cuerpo impactara contra el suelo, colocando el mío, envolviéndola entre mis brazos para evitar que se lastimara. – Oh dios mío. ¿Están bien? – chilló April quien se acerco a nosotros con aflicción. No conteste a su pregunta. Aún me encontraba atónito, sin poder procesar de manera correcta lo que había ocurrido. Ella. ¿Ella había decidido acabar con su vida solo por él? ¿Había decidido dejar todo solo porque creía que él ya no estaba? – Leander – titubeó mi hermano. Nuestros ojos se encontraron y su mirada solo reflejaba preocupación pero yo aún me encontraba ausente. Lo que había visto, lo que había presenciado, una chica tan dulce como ella había querido quitarse la vida solo por él, por causa de Erick Sallow. – Hermano. – Estoy bien – murmuré. Mi espalda se encontraba adolorida debido al impacto, mi brazo en el que la sostenía parecía estar entumecido. Todo el cuerpo me dolía. Gemí de dolor al intentar sentarme y ante mi quejido de dolor tanto April como Zev se apresuraron a venir hacia mi para ayudarme. Afiance mi agarre hacia la chica entre mis brazos, notando que su cuerpo parecía estar mas liviano. – Yelen – susurré su nombre para que ella abriera sus ojos pero ni siquiera se inmuto. Su rostro se encontraba serio y no se movía. – Yelen – volví a llamar cuando ella parecía no querer levantarse. Sus ojos se encontraban cerrados y su cuerpo parecía desvanecerse entre mis brazos. La moví un par de veces con delicadeza pero ella no reaccionaba. – ¡Yelen! Por dios, abre los ojos – suplique mientras pasaba mi mano en su rostro, dando golpes suaves para hacerla despertar, pero ella estaba inconsciente. – Leander tranquilizate, hay que llevarla adentro – demandó mi hermano haciendo una señal con su mano, indicándome a que me levantara. Con algo de dificultad, logré ponerme de pie junto al cuerpo inmóvil de Yelen. – Deja que Zev la lleve – dijo April a sabiendas de mi acción. Sabía que yo la llevaría aunque mi cuerpo se encontraba adolorido. Zev la tomo entre sus brazos y la llevo hacia la casa. April tomo mi brazo y lo coloco detrás de su nuca para que me apoyara en ella al caminar. Una vez dentro, me senté en el suelo a lado del sillón donde ella reposaba. Su rostro lucía tranquilo, como un ángel descansando entre toda la inmensa oscuridad a su alrededor. Aquellos labios color durazno ahora estaban opacos. Al ver que esos brillantes ojos color miel ahora se encontraban cerrados, una incomoda sensación se apodero de mi pecho. Parecía como si miles de espinas se hubieran insertado en mi corazón al ver que su luz se había ensombrecido y en pensar que soy yo la causa de todo su sufrimiento y su casi s******o. – ¿Porqué aún no despierta? – pregunté al médico familiar que Zev había llamado y que había llegado hace unos minutos. – Ella dormirá un poco mas, señor. Esta cansada, no ha comida ni bebido lo suficiente así que solo es un caso de deshidratación. Ya le administre suero por vía intravenosa, así que estará bien después de dormir. Zev lo despidió con un asentimiento de cabeza y el doctor se retiro un tanto cohibido por la imponente presencia de mi hermano. Después de un par de horas de espera, donde ninguno de nosotros dijo nada, Yelen despertó. Parpadeo un par de veces al vacío, tratando de acostumbrarse a la luz de las lamparas que iluminaban la enorme mansión. Sus ojos recayeron en la aguja que traía en su mano para después mirarme. – ¿Ni siquiera se me permite morir? – preguntó con la voz ahogada. Me miró con sus ojos cristalizados por las lágrimas que se habían acumulado nuevamente en sus ojos. Fue como una cruel puñalada al corazón al escucharla y verla de ese modo, cuando antes, lo único que podía apreciar a la distancia de ella, era esa sonrisa bondadosa que parecía resplandecer, sonrisa que ahora ya no tenía. – Por favor, deja ya de llorar – suplique en un susurro. – No puedo. No puedo hacerlo, no puedo seguir viviendo si Erick ya no esta. No puedo continuar sin él, no hay nada después de él. Sin Erick, sin Erick yo no puedo seguir, no se como hacerlo, yo solo nací para estar a su lado pero tu lo arrebataste de mí, lo alejaste a un lugar donde no podía seguirlo y cuando estaba por lograrlo, lo impediste nuevamente, volviste a alejarlo. La voz de Yelen se quebraba conforme hablaba. Los sollozos comenzaron a salir de sus secos labios mientras que se apretaba el pecho con dolor, como si le doliera, como si yo le hubiera arrebatado una parte de ella y no era así, Erick Sallow no merecía ese lugar que tenía dentro de su corazón. – No puedo continuar. Yo no puedo.. – ¡Yelen! – alcé la voz al decir su nombre y ella dio un respingo asustada. La tome por los hombros, obligándola a mirarme. – No vuelvas a decir algo así. Tú puedes continuar aún sin él, siempre fuiste alguien aún si él no estaba a tu lado. Tienes valor aún si no eres la prometida de la familia Sallow. Aunque no te conviertas en la novia de esa familia, sigues siendo solo Yelen, porque siempre has sido solo Yelen para mi. Ella me miró con aflicción. Su mirada reflejaba melancolía y la amargura de su ser se mostraba por medio de esas lágrimas que caían de sus ojos. – Solo Yelen – murmuró para después desvanecerse en mis brazos.
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