Agazapada en el rincón más alejado del armario oscuro donde está escondida, la mujer se cubre los oídos con sus manos mientras cierra los ojos e intenta acordarse de alguna canción bonita para no escuchar los gritos, gemidos, ruidos raros y risotadas de hombres dentro de todas las habitaciones. Y al estar vacío el largo pasillo, los ruidos resuenan todavía más alto en el castillo. Abrazando sus rodillas la mujer se mece para consolarse pues aunque está ilesa y sabe que las princesas no la quieren, salvo Jazmín, a ella no le parece bien que esos hombres las utilicen como juguetes sexuales para desfogar sus depravadas y sádicas fantasías. La luz se enciende un momento, la mujer abre deprisa los ojos y se queda quieta sin hacer un solo ruido, mira a un hombre a través de los palos de escob

