El mejor contrato de mi vida, Capítulo 7 Jordan

1321 Palabras
Ahora comprendía muchas cosas. Margaret no se asemejaba a las mujeres sin escrúpulos con las que había lidiado antes. Aunque al principio sospeché cuando rechazó mi propuesta de matrimonio, ahora estaba seguro. No se casaría conmigo por dinero, lujos o posición social, sino para rescatar a su abuela. Eso me intrigaba enormemente. ¿De quién huía? ¿Quién le había causado tanto dolor? Ese día, cuando vino a mí buscando ayuda, la vi vulnerable. Desde entonces, sentí una necesidad urgente de ayudarla. Y ella también me estaba ayudando mucho. Definitivamente, este acuerdo sería beneficioso para ambos. Ambos nos casaríamos por razones válidas. Estaba contento de no tener que casarme con una mujer calculadora y ambiciosa. Compartiría estos dos años con alguien con el corazón de Margaret H. Sentía una extraña conexión con ella, un deseo de ayudarla y una atracción física innegable. —Entonces, ¿tenemos un acuerdo? —le pregunté mientras tomaba su mano. —Sí, Jordán, lo tenemos —respondió ella con ternura—. No es el matrimonio con el que siempre soñé. Siempre imaginé casarme por amor, no por un contrato con cláusulas y condiciones. Pero entiendo que la vida puede ser impredecible. Al menos, mi abuela estará conmigo y podré cuidarla. Me conmovió escucharla hablar así. Había dolor en sus ojos, pero cuando mencionaba a su abuela, lo hacía con devoción. —No te preocupes —afirmé con firmeza—, en esta casa no les faltará nada, y tu abuela recibirá las mejores atenciones, te lo prometo. Mañana por la noche iremos a visitar a mi abuelo, le anunciaremos nuestro compromiso y allí mismo programaremos la fecha para la boda. Seguro querrá organizar una fiesta grandiosa, digna de su único heredero. Para ser honesto, detesto ese tipo de eventos, pero es mejor no contradecirlo. Mi abuelo puede ser muy terco cuando se lo propone. —¿Y si no le caigo bien a tu abuelo? Tal vez prefiera a una joven de su misma posición social —sugirió Margaret con preocupación. —A George Benedetti le encantaría que me casara con una mujer de nuestra misma posición social, pero no estoy dispuesto a concederle todo. Al menos en esto tendrá que ceder. Así que no te preocupes, yo me encargaré de todo. Estoy seguro de que quedará deslumbrado con tu belleza en cuanto te vea. Prepárate, porque mañana vendrá una asistente de moda y una estilista para ayudarte a elegir diferentes atuendos y todo lo necesario para lucir impecable. Debes estar perfecta para la cena. —Eso no es necesario, Jordán. No necesito todas esas cosas —respondió Margaret. —Eres mi esposa, y sí las necesitas. A partir de ahora, todas las miradas estarán puestas en ti. Seremos el centro de atención, y mi prometida debe estar a la altura —le dije mientras acariciaba su rostro. Margaret estaba a punto de experimentar un cambio radical en su vida. De ser una joven sencilla, pasaría a convertirse en la esposa de un millonario, un hombre adinerado con una fortuna incalculable. No sabía si estaba lista para enfrentar ese cambio, pero por el bien de su abuela, sabía que era necesario hacer el esfuerzo. Además, confiaba en que Jordán sería un buen compañero, y que podrían llevarse bien durante el tiempo que estuvieran casados. Sentía una mezcla de emociones al pensar en todo lo que implicaba ser la esposa de un hombre como Jordán. Le abrumaba la idea de tener que vestirse a la última moda, visitar salones de belleza y usar joyas, cosas que siempre le habían parecido superficiales e innecesarias. Sin embargo, comprendía que, si iba a formar parte del mundo de los multimillonarios, debía adaptarse y estar a la altura, aunque eso fuera en contra de su voluntad. No quería defraudar a Jordán, quien la había ayudado mucho y había ofrecido su casa sin siquiera conocerla. Además, la había rescatado de una situación peligrosa la noche en que escapó de su padre y del infierno que la esperaba si se quedaba a su lado. Me angustiaba la salud de mi abuela y las condiciones en las que se encontraba, pero confiaba en su fortaleza. Sabía que ella siempre había sido una mujer fuerte, y esta situación no sería diferente. Juntas íbamos a librar esa batalla, y una vez que estuviéramos reunidas, nada ni nadie podría separarnos. Mientras estaba sentada, observando las flores y respirando el aire fresco de la noche, vi a Jordán acercarse. Lucía impresionante y me miraba con unos ojos llenos de un brillo especial. La barrera entre nosotros se estaba desvaneciendo poco a poco, y no estaba segura de si eso me agradaba o me llenaba de temor. Sabía que desarrollar algún tipo de sentimiento hacia él sería doloroso cuando el acuerdo llegara a su fin después de dos años. Sería yo quien saldría perdiendo en todo esto. Por eso, me resistía a que nuestra relación pasara más allá de la mera atracción física, aunque resultaba inevitable dejar de mirarlo y desearlo. Cuando sentí sus labios junto a los míos, mi corazón dio un vuelco. Nunca había experimentado algo así con otros chicos, pero era evidente que la química entre nosotros crecía cada vez más. Esto me asustaba. Sabía que él sentía lo mismo por mí, lo podía percibir en su mirada llena de deseo. Debía ser cuidadosa, ya que esta intensa atracción podía convertirse en un obstáculo para que nuestro acuerdo se llevara a cabo en buenos términos. —¿Disfrutando de la noche? —preguntó Jordán, rompiendo el silencio. —Supongo que estás nerviosa por lo que pasará mañana. Dicen que a todas las mujeres les ocurre, pero no te preocupes, esta no es una boda como las demás —añadió, observándome fijamente. —Precisamente porque no es una boda como las demás es que me preocupa —respondí con sinceridad—. Estaba pensando que a partir de mañana mi vida ya no será igual. Es como si pasara de ser una plebeya a formar parte de la realeza, y, si te soy honesta, eso me da un poco de miedo. —No debes temer, te aseguro que no es tan malo, solo es cuestión de acostumbrarse —dijo Jordán con seguridad. —No sé si algún día podré acostumbrarme. Estoy tan acostumbrada a llevar una vida sencilla que no sé cómo voy a hacer frente a todo esto. Pero no te preocupes, no romperé nuestro acuerdo y seguiré adelante tal como te lo prometí —respondí con firmeza. —¿Tienes idea de dónde pudiera estar tu abuela? —preguntó él. —No lo sé, Jordán. Y te confieso que eso me tiene muy preocupada. Solo supe que la recluyeron en un asilo para ancianos, pero no tengo ni la menor idea de cuál puede ser. La extraño tanto, y me preocupa que algo malo haya podido pasarle. Necesito encontrarla, Jordán —dije entre sollozos. Él se acercó y me rodeó con sus brazos, proporcionándome el consuelo que tanto necesitaba. Sentí una gran protección junto a él. Sabía que a su lado todo estaría bien. Jordán tenía la capacidad de brindarme esa paz que tanto había necesitado. —Tranquila, todo va a estar bien. La encontraremos, preciosa. De eso no tengas duda. Mañana me pondré en contacto con el mejor detective privado del país. Le pediré que trabaje a marchas forzadas hasta que logre dar con su paradero. No te aflijas, yo estoy aquí ahora. Ya no estás sola —me susurró Jordán, limpiando mis lágrimas con su pañuelo y depositando un tierno beso en mis labios. Cuando nuestros labios se unieron, se creó una atmósfera mágica. La noche era testigo del deseo que nuestros cuerpos estaban experimentando. Por primera vez, correspondí a sus besos. Nuestras respiraciones estaban agitadas y nuestros corazones latían con intensidad. Nuestros cuerpos reaccionaban con gran pasión. Me sentía como en un sueño y no quería que ese beso terminara jamás.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR