Malos entendidos

1760 Palabras
Nunca en mis años de estar a su lado, mostró signos de amor hacia mí; que no fuera más que amigos, nunca vi en su mirada lo que veía cuando miraba a su ex novia. Nunca vi en él que mostrase interés por mí.  Soy una tonta—me reprocho mentalmente. Por qué yo me había enamorado de él, no lo sé, incluso ni siquiera sabía el momento exacto en que paso. Solo sé que me había enamorado de mi mejor amigo. No sé si es correcto, no sabiendo si sería correspondido, solo sabía que estaba sufriendo por su ahora compromiso. Siempre, me había dicho que no quería casarse después de todo lo que paso aquel día con su ex. Y por un momento le creí, hasta ahora.   —¿Te encuentras mejor?  —No lo sé—de nuevo las ganas de llorar se hicieron presente.  —No llores, Derek puede llegar en cualquier momento—no pude responder, pues estaban la puerta y miro a Kels.  —No me dejes con él, no quiero que me vea así—Le digo, al borde de las lágrimas. Siempre imaginé una vida a su lado, pero veo que ya no sería así.  —Iré—me informa, camina hacia puerta y al abrir.—Y por favor mantente tranquila, por favor. —No, Kels—pero, no me escucho y se acercó a la puerta, abriéndola. No mire hacía ella, pues sabía que estaba ahí de pie—¿Hermosa?—Su voz hizo que un nudo se formara en mi pecho—¿Qué-qué paso?  Por un momento quise levantarme y gritarle, por un momento quise golpearme por haberme enamorado de él, por un momento quise besarle y decirle que no se casara, por un momento quisiera arrancar cada sentimiento que tenía por él. —No quiero que me veas así, por favor vete—le digo, sin mirarle a la cara. —¿Lottie?—Se acerca a mí y se sienta a mi lado—¿Qué sucede?  —Nada. Coloca sus dedos en mi mentón y me obliga a levantar la cabeza para mirarle a los ojos—¿Estuviste llorando? ¿Por qué?  Aparto su mano de mi mentón—no es nada. —No por nada estas llorando. Sabía con exactitud que, si no me inventaba algo, era probable que no me dejará tranquila, así que respiro profundo y le miro a los ojos—Había una mujer a la que yo le estaba diseñando el vestido de novia, me llamó y me contó que su boda se había cancelado y me dijo el por qué, sabes perfectamente como soy—le miento para que no me haga más pregunta. —¿Quieres hablar de eso? Niego con mi cabeza—no. Suspira—Bien, no voy a presionarte.  —¿Y tú prometida? —Aquello me dolió como si me golpearán una y otra vez. —¿Mi qué? —Me pregunta confundido, mientras frunce su ceño. —Me preguntó divertido. —Prometida. —¿Hablas de Elyse? —¿Acaso hay más?—Le pregunto sorprendida, pues me estaba tomando por sorpresa. —¿Quién te dijo que Elyse es mi prometida?—Me mira con divertido. Ambos nos miramos a los ojos, sonreí con mi corazón latiendo tan rápido que pensé que en cualquier momento se saldría de mi pecho.—¡Ay Dios! Yo pensé, que tú y ella...me siento como una tonta. —Cubro mi cara con mis manos. —Si que lo eres, ¿Cómo iba a comprometerme y no te diría nada? ¿Qué clase de personas crees que soy? Elevo mis hombros—recuerda que cuando estuviste saliendo con tu ex, no me dijiste hasta después de meses. —Sí es cierto, pero prometí no volverlo hacer y lo estoy cumpliendo. —Más te vale, casi me da un infarto—le digo más relajada. —Al menos cambiaste esa cara que traías, ¿estás mejor? —Por un momento olvide lo que le paso a la pobre mujer, gracias, Derek—le digo, sarcástica.  Pasa su brazo por mis hombros y me acerca a él, quedando mi cabeza en su pecho—ella va a estar bien—besa mi cabeza. —Eso espero, por cierto. ¿Cómo conociste a Elyse? —Es la prometida de mi primo Seth. —¿Seth se casa? Vaya, eso sí que es una sorpresa. —No debería, siempre mostro signos de casarse. —Así como tú—le digo. —Eso era antes, ahora prefiero vivir mi vida sin compromisos. —Algún día tendrás que pensar en formalizar una relación, en formar una familia. —¿Y dejar al mundo sin el sexy Derek Von Uckermann?—Nos miramos, haciendo que note su cara de diversión. —¿Sexy? —Muy sexy.—Dijo mordiendo su labio inferior. Ruedo los ojos—eres un tonto—dije acomodando mi cabeza en su pecho. —Eso dolió—me dice.—¿Sabes? —No, ¿Qué? —Tu misma deberías escuchar lo que dices. —¿Por qué? —Le pregunto confundida. —Porque me dices que debo tener una relación formal y que forme una familia, mientras tu estás aquí en medio de estas cuatro paredes, creando vestidos de novias para otras mujeres y nunca para ti. —Sabes lo que pienso. —Sí, ambos pensamos igual pero que es tiempo de que vuelvas abrir tu corazón. Suspiro—aún no llega el correcto, cuando lo haga—que ya lo hizo—serás el primero en saber. —Perfecto, por mi está bien. —¿Derek? —¿mmh?  —Lamento haberme venido así. —No hay problema, Elyse debía ir a hacer algunas cosas antes de regresar a casa. —Sí, pero al menos debía quedarme un poco más, creo que le di una mala impresión. Sonrió—de hecho, no, ella comprende tu agenda, además desde un principio sabíamos que estabas muy ocupada. —¿Ella aun quiere que le diseñe su vestido? Sonrió aún más—¿Bromeas? La harías la novia más feliz del mundo. —¿Me ayudarás?—Me acomodo sentándome bien, para mirarle mejor. —¿Tengo otra opción?—Murmuras. Me reí por su comentario, pues quien no le conociera dirá que lo estaba siendo obligado a ayudarme. Pero se, que por más que se niegue, haría lo que fuera por ver feliz a Seth y a su futura esposa; así es Derek, mi Derek. —No.—Le respondo, sonriendo y con una ceja elevada. —¡Demonios!—Murmuró.—Dame una razón. —Vamos, tu conoces mejor a Elyse que yo y porque me quieres, por eso debes ayudarme —Acepto la primera, pero la segunda tendría que pensarlo. Entrecerré mis ojos—ja-ja-ja, que gracioso—le respondí de manera sarcástica. Nunca había estado más feliz en toda mi vida, aún existe una mínima posibilidad de ser más que amigos y eso me alegra mucho. —Con la promesa de que comeremos algo y tu pagaras. Ruedo los ojos—te odio—miento. —Me estarías pagando por mi trabajo, ¿trato? —Me las pagaras, ¿sabes? Eleva los hombres—no eres tan mala para torturarme. —Esto se llama extorsión—le dije, cruzándome de brazos y con una sonrisa en los labios. —Me ofende señorita Charlotte. —Oye, ¿en serio me ayudaras? —Por supuesto que sí, quiero que se lleve una sorpresa al ver su vestido. —¿Cuándo tienes tiempo? —Puede que hoy, tengo una reunión hasta las cuatro de la tarde. —Dice buscando algo en el bolsillo de sus pantalones—¿quieres comida china? —Me pregunta sacando su teléfono el bolsillo izquierdo. —Está bien, para mí. Le observo mientras habla por teléfono, su espalda es ancha, sus brazos llenos de músculos, su enorme trasero y bien formado. Toda su vida le había gustado el ejercicio, fue incluso el capitán del equipo de fútbol americano en la escuela hasta que se marchó con su abuelo. Muchas veces me dijo cuanto quería ser jugador profesional, muchas veces me dijo que debía asistir a cada partido cuando lo fuera y muchas veces le vi con sus ojos brillando de felicidad. Pero, las cosas cambiaron en un abrir y cerrar de ojos. Ojalá se pudiera volver el tiempo atrás ser aquellos niños que solíamos ser, aquellos que no tenían preocupaciones, aquellos que no debían pagar cuentas o incluso asistir al trabajo cada mañana e irse muy tarde; pues al ser jefe de tu propio negocio tienes hora de llega y nunca hora de salida. Pero, sin embargo, me gusta hacer lo que tanto amo. Me gusta poder ver felices a las demás personas y no solo a las novias, sino que también a las mujeres de diversas tallas en las que siempre pienso para que la ropa siempre les quede muy bien. —¿De nuevo te perdí? ¿Siempre será así? —Su voz hizo que regresará a la realidad y saliera de mis pensamientos. —Lo siento, me decías. —¿En que tanto pensabas? —En muchas cosas y a la vez en nada. Sonríe divertido—adoro que siempre seas tu misma. —Me ofendes, pero lo tomare como alago. Se ríe haciendo que mis oídos escuchen una hermosa melodía—te amo—besa mi mejilla, haciendo que mi corazón se acelere muy rápido. —Por cierto, la comida llega en cuarenta y cinco minutos. —Bien, supongo que podemos ir viendo lo del vestido. —Aburrido. Ruedo los ojos—no me ayudes tanto. —Entonces me dirás por que estabas llorando. —Ya te dije—le miré, pareciendo segura de mi—estaba destrozada, no fue justo para nadie y mucho menos para ella. —Supongo, que te creo. Ruedo los ojos—¿Crees que estaba triste por que te casarías? —Desde que me dijiste, imagine que sería porque no te lo conté desde un principio. —Al comienzo si me sentí mal, pero es tu vida y yo debo comprender eso. —Recuerda que eres una de las mujeres más importante en mi vida y jamás te volveré a ocultar nada, ¿de acuerdo? —De acuerdo. —Sólo quiero que tu me prometas que me dirás todo. Respiro profundo—está bien, lo prometo.—Una sonrisa aparece en sus labios.
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