Sus ojos, oscuros y peligrosos, se volvieron lentamente hacia Island, pero no dijo nada. La intensidad en su mirada era abrumadora, y por un momento, Island sintió que podría perderse en ese abismo. —No vuelvas a tocarme, Daska —escupió Island, con la voz temblando por la ira y algo más profundo, algo que no quería reconocer. Daska no respondió. Simplemente la observó, su expresión ilegible, mientras la tensión entre ellos se hacía insoportable. Island, con el corazón latiendo desbocado, dio un paso atrás, necesitando poner distancia entre ambos, y luego otro, antes de darse la vuelta y alejarse apresuradamente, como si estuviera huyendo de un peligro inminente. Pero mientras se alejaba, podía sentir la mirada de Daska clavada en su espalda, como un peso que no podía sacudirse. Y aunque

