Island se retiró de la fiesta con la cabeza llena de pensamientos. El ruido, las miradas y la tensión social eran demasiados para soportar. Sus tacones resonaban sobre los pisos de mármol mientras se dirigía a la biblioteca, un refugio donde podría respirar sin la constante presión de los ojos de los Benes y, peor aún, los de Daska. Necesitaba un momento a solas, lejos de él, lejos de su provocadora presencia. Al entrar en la sala de lectura, el silencio y el aroma a libros viejos la envolvieron. Cerró la puerta tras de sí, exhalando con fuerza. Las luces tenues creaban sombras suaves en las estanterías de caoba, dándole un respiro del brillo y la opulencia de la fiesta. Caminó hasta una de las estanterías, pasando los dedos por los lomos de los libros, buscando distraerse. Pero la verdad

