La puerta de la habitación principal se abrió con un estruendo, revelando a Daska de pie bajo el umbral. Su figura, empapada por la tormenta y con la mirada de furia contenida, proyectaba una mezcla de fuerza y vulnerabilidad. Sus ojos buscaron a Island con desesperación, recorriendo cada rincón hasta que la encontró sentada en la cama, sosteniendo a la pequeña en brazos. Island, que había estado acunando a la bebé con movimientos frenéticos, levantó la mirada al escuchar la puerta. Su rostro, marcado por el agotamiento y el terror, estaba empapado en lágrimas. Su cabello desordenado enmarcaba unos ojos abiertos de par en par, desorbitados por la histeria. Al ver a Daska, apretó a la bebé contra su pecho como si temiera que él fuera otra amenaza más. —¡No te acerques! —gritó, su voz que

