Una tarde templada y aparentemente tranquila, Daska revisaba un correo cuando su secretaria le notificó una visita inesperada. La voz baja y algo tensa de la joven delató su incomodidad: “Señor Vlad, una persona importante en los negocios de su familia ha solicitado una reunión privada”. Con sorpresa y escepticismo, Daska se incorporó en su silla y observó por las ventanas, pensando en la identidad de ese visitante. Tras un suspiro, instruyó a su secretaria para hacerla pasar. Cuando la puerta se abrió, la silueta de Skyner, impecable y elegante, se recortó en el umbral. La sorpresa en el rostro de Daska fue apenas un destello, transformado rápidamente en una expresión neutral. —Skyner —saludó, su voz revestida de una frialdad calculada—. No recuerdo haber solicitado una reunión contigo

