La cena estaba lista y el aroma que salía de la cocina llenaba el aire, envolviendo a Daska, Island e Iris en una atmósfera acogedora. Daska había preparado un plato de pasta fresca con salsa de tomate y albahaca, acompañado de un crujiente pan de ajo. Las hierbas frescas brillaban en la superficie del plato, y la combinación de sabores hacía que la comida resultara casi un acto de magia. La pasta estaba al dente, perfecta para la ocasión, y el brillo del aceite de oliva le daba un toque irresistible. —¡Esto es delicioso! —exclamó Iris, mientras servía un segundo plato para sí misma. Daska, por su parte, sonreía satisfecho, disfrutando del halago. —Me alegra que te guste —dijo Daska, sin poder evitar sentirse orgulloso. Island, que estaba más callada, se limitó a sonreír Una vez que ter

