2 días antes... En la penumbra de su despacho, Daska Vlad había recibido una visita que prefería olvidar. El médico, un hombre de rostro inexpresivo y manos frías, se sentó frente a él con una carpeta en las manos. La tensión en el aire era palpable, como si las palabras que estaban a punto de pronunciarse pudieran cambiarlo todo. Y de hecho, lo harían. —Señor Vlad, hemos revisado nuevamente sus análisis —empezó el médico, con la formalidad y distancia propias de alguien acostumbrado a dar malas noticias—. Y debo insistir: si desea tener un hijo, el tiempo corre en su contra. Daska cruzó los brazos, su mandíbula apretada. No quería oír aquello otra vez, pero sabía que no podía ignorarlo por más tiempo. —Ya hemos hablado de esto —respondió, con un tono cortante—. No es algo que se pued

