CAPÍTULO DIECISÉIS Por más importante que fuese la boda de su hija, el rey Godwin III estaba sintió algo de alivio de haber podido acomodar algunos de los asuntos habituales del reino y recibir a solicitantes en medio del banquete en el salón principal para escuchar sus preocupaciones. Formaron una fila a través del salón, cortesanos y plebeyos, y cada uno debía esperar su turno con la música del banquete de fondo. —Su majestad —dijo un granjero, haciendo una reverencia tan pronunciada que la frente casi le raspaba la rodilla—, este año parece que tendremos una baja cosecha, sin embargo nuestro señor insiste en que le demos toda su parte. —Cuando llegue la cosecha, enviaré hombre para que la evalúen —prometió Godwin—. Su señor tendrá su diezmo como es habitual, pero no más que eso, y si

