Me miro extrañada frente al espejo de cuerpo entero frente a la pared, apenas
logro reconocerme con el maquillaje y la ropa que llevo puesta, jamás me imagine
que este vestido me sentaría tan bien en mi cuerpo. Me doy la vuelta para ver
cada parte mía. Me veo fabulosa. Nicole se entusiasmó arreglándome de pies a
cabeza para esta tarde. Llevo el cabello suelto, con la crema de peinar me ha
definido bien los rizos que caen ordenados sobre mis hombros y espalda, los
labios los llevo de un rojo cereza y los ojos. Me encantan. Están delineados y
perfilados, con una sombra azul ligeramente escarchada y las pestañas rizadas
con rímel n***o. El vestido me queda entallado en la cintura y más suelto abajo
por encima me las rodillas, dejando ver mis piernas gruesas hasta la mitad del
muslo, con los tacones se nota aún más lo definido de mis pantorrillas. El vestido
tiene unas mangas cortas y el cuello en corte ve, lo que hace que se noten mis
prodigiosos senos. No creí que me pudiera ver tan… hermosa.
Nicole no se ha quedado atrás, lleva una falda ligera con diseño de cuadros de
ajedrez y una camisa roja sangre, lleva medias largas con diseño y unos tacones
negros. Su cabello lo ha rizado un poco con una plancha para cabello dándole
más volumen. Lleva los labios tan rojos como su camisa y los ojos de lineados.
Parece un tipo de muñeca gótica, luce hermosa.
— Mírate Diana, luces fantástica — dice Nicole al observarme nuevamente —
¿Quién es esa mujer tan hermosa?
— Basta, exageras — le respondo algo avergonzada.
— ¿Por qué te sonrojas? No pensaras que te ves mal ¿Verdad?
— Es solo que no estoy acostumbrada a verme así, tan arreglada. — me
encojo de hombros y bajo la vista.
— Heres hermosa, y estas magnifica, no tengas pena y disfruta del día de hoy.
No todos los días tenemos oportunidades como esta de ferias y días libres.
Tiene razón, lo que me preocupa es algo tonto y no debo avergonzarme de
como luzco, de verdad me veo hermosa de eso no hay duda. Solo debo confiar en
mi misma para este tipo de situaciones.
— Tú también luces preciosa, pareces una muñeca.
— Muchas gracias — dice dando una vuelta.
Ella siempre luce magnifica, es pequeña, delgada, ojos grandes y despiertos, sonrisa agradble y una cabellera muy bien cuidada. todo esto ligado a una excelente personalidad. Debería aprender unas cuantas cosas de ella, me
sería muy útil.
Pronto serán las cuatro de la tarde, la hora en la que hemos quedado
encontrarnos en la plaza con todos. Todavía no me han dicho quienes estarán con nosotros;
pero a este punto me da igual. Nicole y yo estamos listas para salir, de pronto lo
que veo me deja sorprendida, veo Ferd arreglándose frente a un espejo en la
sala, lleva unos jeans azul claro con una camisa negra con bolsillos y mangas
cortas; se ha afeitado la cara, se ve más joven asi, inevitablemente veo sus labios
que tienen una tonalidad rozagante natural, muy atractiva, y sus ojos hoy lucen
radiantes como dos pequeñas estrellas, nada parecido a cuando llegue.
Pensé que no saldría con nosotros, o al menos eso me dio a entender Nicole en
nuestra conversación de hace un rato . Puede que él mismo se haya decidido a ir por su cuenta.
— ¿Acaso piensas venir con nosotros? — soltó Nicole desde la puerta del
cuarto con los brazos cruzados en señal de desaprobación.
— ¿Y que si así es? — respondió sin apartar la mira del espejo.
— Espero que no nos vayas a molestar.
— Tranquila, no lo hare…
En ese momento volteo y vi como poco a poco nuestras miradas se cruzaron en un instante, él
se queda petrificado observándome con los ojos muy abiertos. Se ha quedado sin
habla por completo.
Oh, no. Esto no puede ser bueno o ¿Sí?
— Di… Diana, no sabía que estabas aquí— balbucea mientras me sigue
observando.
¡Dios! Que incómodo.
— Hola Ferd — digo apenada.
— Te ves… diferente.
Diferente. Oh, qué gran respuesta. No pudo evitar colocar los ojos en blanco.
— Que idiota eres Ferd, luce hermosa — escucho a Nicole reprendiéndole.
El guarda silencio y se va de la sala sin decir nada.
— Que idiota, no puedo creer que sea mi hermano. Simplemente ignóralo.
Prefiero quedarme en silencio y no decir nada en este momento.
No me siento cómoda con él después de haber leído su carta. incluso note una breve sonrisa cuando me vio.
Estamos esperando a que los demás lleguen, la plaza de la ciudad está llena de
gente por todas partes. Hay muchos puestos de comida, juegos, bebidas,
juguetes, parques y muchas cosas que antes no había visto, como un estudio
fotográfico que tiene una pequeña tarima circular y alrededor una cámara va
girando para tomar distintas fotos de la persona que está en el centro, me parece
toda una maravilla ver algo así.
Lo que más animada me tiene es como está adornada la plaza, está llena de
muchas luces por todas partes, en los árboles, los postes y en los bordes de
algunas barandas. Añoraba volver a ver esto. Nicole no se ve tan emocionada
como yo, más bien se ve preocupada, mientras tanto Ferd se ha ido a comprar
algo para comer.
— ¿Te encuentras bien Ni?
— Si, solo me pregunto dónde estarán los demás.
— De seguro ya vienen.
La noto algo nerviosa bajo toda su fachada de seguridad y carisma. No tardo
mucho en darme cuenta de que trata todo; veo como se acerca una chica alta y
delgada a nosotras, no hay duda, se trata de Hanny. Esta vestida con uno
pantalones de cintura alta blancos con una camisa verde militar, su cabello ahora
es corto y con un flequillo, la recordaba con sus cabellos largos, luce bien. Viene
acompañada de su hermana, Andrea y un chico al que no conozco.
— Tranquila, no pasa nada — le susurro a Nicole para que se calme — Ella no
me da miedo.
— A mí tampoco; pero tampoco quiero que vaya a armar un espectáculo.
Que ni se le ocurra.
No me queda de otra que sonreír cuando ya están cerca.
— Nicole — salta Hanny hacia mi amiga abrazándola con fuerza — ¿Cómo
estás? Nos hemos tardado un poco pero aquí estamos.
— Estoy bien. Han llegado a buena hora.
Todavía falta el resto de los chicos.
Cuando me ve, o admite que estoy allí por fin me saluda.
— Ay, hola Diana. No sabía que habías llegado — me dice mientras sonríe.
Noto el sarcasmo en su voz. Obviamente sabe que tengo días desde que llegue.
No pienso darme mala vida por ella y caer a su mismo nivel.
— Hola, tiempo sin verte Hanny — le contesto con una sonrisa — Tengo una
semana desde que llegue; pero no había salido hasta entonces, ¿ Tu cómo
has estado últimamente? Me gusta tu nuevo corte, te luce muy bien.
Ser siempre cortes con los demás fue algo que aprendí en el trabajo, aun así te
caiga mal su actitud. No es que me lleve mal con ella, pero conozco como suele
comportarse y eso me saca de quicio.
— Gracias, gracias. Me lo corte no hace mucho — dijo mientras meneaba el
cabello de un lado al otro como un gesto de coquetería — He estado muy
bien. Por cierto, te presento a mi novio, Miguel.
A su lado se encontraba un chico de cabello castaño oscuro más alto que ella,
de tez blanca y con una nariz bastante pronunciada.
— Mucho gusto, Miguel Laguna.
— Diana Caballero, un pacer.
Su voz es lenta y agradable. Parece un buen tipo que podría pasarme un porro.
Por ultimo salude a Andrea, la hermana menor de Hanny que había decidido
acompañarla a la feria, es menor que todos nosotros; pero igual es una chica muy agradable y graciosa.
Durante los siguientes treinta minutos seguimos esperando a que llegaran el
resto de las personas que nos reuniríamos, entre ellos llegaron unos chicos
llamados Isa, Daniel, Samuel y Rafael, y unas chicas llamadas Paola, Alejandra,
Saraí y Darent. A ninguno de ellos los conozco; pero no importa. Por ultimo llego
Ram. No podía creerlo, se ve genial, trae puestos unos pantalones negros que se
le ajustan muy bien y una camisa a cuadros con colores terracota, que hacen que
realcen más sus rasgos morenos, hasta este momento no me había dado cuenta;
tiene unos labios hermosos y unas cejas pobladas que enmarcan su bello rostro.
Cuando se acerca a nosotros comienza a saludarlos a todos, me imagino que el si
los conoce a todos. Estando frente a mi se me queda observando como la
primera vez que lo vi cuando llegue; siento como sus ojos me escudriñan de arriba
abajo sin perder detalles.
Madre mía, esto me pone tensa ¿Por qué no dice nada?, ¿Debería hacerlo yo?
— Hol…— decimos los dos al mismo tiempo sin terminar la frase.
Estoy roja como un tomate. Escucho que se ríe un poco.
— Tu primero— dice con cortesía mientras me sonríe.
— Que vergüenza. Hola Ram ¿Cómo has estado?
— Tranquila, eso suele pasar. He estado bastante bien, no tanto como tú por lo que veo.— me da un beso en el cachete y me llega el
olor de su perfume.
Delicioso, una mezcla de olores que solo se encuentra en los perfumes de
caballero que los hace tan atractivos a los sentidos. Me pierdo en se aroma.
— Disculpa que no te respondí ese día, mi plan se venció y no he tenido
tiempo de recargarlo todavía.
Ah, el mensaje que le envié. Siento que me pongo fría al escucharlo.
— Ah, bueno. Supuse que sería por algo como eso. Me alegra verte aquí.
— Te die que vendría — me lanza su sonrisa encantadora.
— Si.
— Por cierto, luce hermosa señorita Ramirez. Simplemente encantadora, los
vestidos destacan mucho de usted.
Los colores se me suben a la cara, pase de un frio repentino a una oleada de
calor en mi rostro, ¿Siempre es así este chico?
— Gracias, tu también luces encantador hoy.
¿Eso salió de mi boca?
— Vaya nunca me habían alagado tanto, gracias.
Estoy encantado.
Lo obsevo desconcertada sin saber que decirle.
— ¿Te gustaría dar una vuelta por la plaza?
— Eso me encantaría — respondí.
Uf, eso romper a la tensión.
Entre todos nos organizamos para pasear por las distintas zonas de la plaza,
yo iba junto a Ram y Nicole con Hanny y Miguel, ¿Que estaba haciendo, el
papel de lámpara de los enamorados? Prefiero ignorar eso y centrarme en
pasarla bien. Los demás van formando sus pequeños grupos y cuando algo
nos interesa nos acercamos todos a ver o nos tomamos fotos.
Hemos decidido comprar unas papas saladas para comer mientras estamos
en la feria paseando. Informaron que a las seis habrá un baile. Deseo verlo;
pero no sé si podremos por la hora. Apenas son las cinco y cuarto, solo nos
hemos dedicado a ver las tiendas, no me compro nada porque es difícil
escoger entre tantas cosas bonitas.
Sin darme cuenta me he separado del grupo, con tantas personas no logro
verlos por ninguna parte.
Rayos
¿Dónde estarán?
Comienzo a buscar con la mirada entre la multitud, lo único que se me
ocurre es caminar hasta el centro donde hay una estatua, allí de seguro me
poder conseguir con alguno de ellos. Cuando llego hasta la estatua aun no veo a nadie; pasa un rato y siento que alguien me toca el hombro a mis espaldas.
Asustada pego un brinco y volteo rápidamente con la mano en el pecho.
— Oh. Eres tú.