Abro los ojos, estamos aún en la carretera viajando. Al viaje se me ha hecho corto, debe ser
porque casi desde que salimos me quede dormida. Vamos pasando por una gran curva donde se
ven las montañas con aspecto imponente y hacia el fondo un gran abismo. Dentro de poco
estaremos en la ciudad, ya no queda tanto camino por recorrer, hemos ido, al parecer, aun ritmo
constante todo el camino. Comienza a caer una ligera lluvia que gradualmente aumenta en
intensidad, los vidrios del autobús comienzan a llenarse de gotas gruesas y en poco tiempo no veo
bien afuera porque se ha empañado el vidrio. Aparto la vista y recuesto la cabeza del asiento, saco
mi celular y me coloco los audífonos. En la lista de reproducción coloco las canciones de las
películas de Disney. Me encantan, sobre todo las antiguas que tienen esas voces de opera como
Canto al Amor. Todo el camino que me queda voy cantando en mi mente las letras de cada
canción, me siento relajada mientras lo hago, al rato vuelvo a ver por la ventana, la lluvia ha
cesado y unas gotas aún quedan suspendidas sobre el vidrio y comienzan a deslizarse hasta
desaparecer.
De un momento a otro escojo una de esas gotas y otra que comienzan a descender de lo más
alto hasta el final, es una carrera emocionante al menos en mi mente, entre dos gotas de agua,
¿Quién ganara?, ¿La gota de Diana o la gota rival? No entiendo como esto se me puede hacer tan
entretenido. Pasan unos segundos y mi gota pierde la carrera imaginaria que he creado. Observo
diseccionada en dirección al vidrio. Mi gota ha perdido.
No pasa ni un minuto y escojo otra gota para una nueva carrera.
Cuarenta y cinco minutos después por fin entramos a la ciudad de Sacarac. Veo el gran cerro Lavi
como nunca lo había visto, despejado, con un cielo azul intenso sobre él. Simplemente hermoso.
— Guau — exclamo a voz baja con asombro. — Que belleza.
— Si, nunca lo había visto así. También me ha impactado — dice una señora
a mi lado.
— Yo tampoco. Creo que es la primera vez, siempre que lo he visto esta
nublado sin poder ver algo más que el teleférico, y eso es algunas pocas
veces.
— Tienes toda la razón. Y eso que tengo años viviendo aquí.
— ¡Oh! — exclamo con falso asombro y de la nada suelto una pregunta — ¿Y
cuántos años lleva viviendo aquí?
— Tengo 40 años viviendo aquí, nací en esta ciudad y moriré aquí si Dios
quiere.
— Mmm, que interesante.
Y a partir de allí la señora desconocida se extendió a hablar y hablar de su vida,
de cómo inicio todo, donde vivía y una cantidad inmensa de datos innecesarios
que no necesito saber y no son de mi interés, ¿Cómo termine en esta
conversación? Solo dije: Guau, que belleza. Eso fue todo. No esperaba esta
conversación.
Por fin llegamos al terminal de Sacarac y baje lo más rápido posible. Al salir del
autobús sentí la brisa fría alrededor de mi cuerpo. Dentro hay muchas personas
que acaban de llegar de viaje de diferentes partes del país. Creía que la afluencia
de personas había bajado; pero por lo que veo a crecido conforme a la fecha
decembrina. En el segundo piso hay muchas más personas esperando transporte
para viajar, algunas de ellas parecen tener más de un día ahí, están acostadas en
el suelo o sentadas con cara de no haber descansado en días; mientras cientos de
hombres gritan en alta voz los destinos de varias ciudades del país a las que hay
viajes disponibles. Es una total confunsion. Me alegra no vivir tan lejos de el
capital del país.
Ah, me encanta esta sensación que tengo al salir de ese lugar. Aun me parece
toda una maravilla pasar navidad aquí, tenía años sin estar en estas fechas por
aca. No desde que mi querida madrina murió. Pensarlo me da un poco de
nostalgia; pero no he venido para estar triste, quiero pasar unas buenas fiestas
junto con mi madre y la familia Parra.
Voy por la rampa y al otro lado desde lo alto de esta se pude observar un gran
parque de diversiones. Bajo hasta llegar a la salida que da directamente a la
autopista. Camino algunos metros hasta llegar a un cruce. Por suerte la familia
Parra no vive lejos de allí, se puede llegar caminando sin ningún problema, y eso
es lo que voy a hacer. Cruzo y llego a la otra acera donde hay un camino que me
lleva bajando hasta un gran puente encima de otra carretera. Muchas personas
vienen y van por el mismo camino que yo, la ciudad está llena. Llego hasta el
semáforo y frente a mi está el boulevard que recorre una gran distancia; esta
precioso, lleno de adornos por todas partes y luces, no me da pena admitirlo, esta mucho más hermoso que la decoraciones la plaza de Oremurt; pero ¿A quién
quiero engañar? Esta es la gran ciudad, la capital, la pepa del queso, como se
dice coloquialmente, lo mejor de lo mejor. Camino un poco más hasta ya estar
frente a la recta que me lleva hasta el edificio donde vive la familia Parra.
Al llegar llamo a mi madre para informarle que estoy abajo esperando.
— Hola mamá, ya llegue. Estoy aquí abajo.
— Madre mía, que rápido has llegado. Dame unos minutos y bajo, estaba cocinando algo para todos.
— Vale te espero.
Al rededor de cinco minutos después la veo aparecer tras la gran puerta de vidrio que es la entrada principal del edificio.
— Hija, que alegría ver que ya estas aquí. Te he extrañado estos días.
— Bueno, abreme entonces la puerta para que pueda abrazarte — le bromeó.
— Sí, sí. Ya voy — se ríe con picardía.
siempre es tan jovial y divertida. por eso siempre se verá más joven con elnoasar s los tiempos. La alegría s un corazón y espíritu joven, se han se reflejar en el semblante de sus portadores.
Nos damos un gran abrazo de bienvenida. También la he extrañado. Después de haber estado día años lejos a ella disfruto los momentos que tenemos para compartir como familia y cada cosa que nos ocurre como algo preciado.
— Te vez muy bien, y alegre.
— Ay, gracias. Igual que tú.
— Madre e hija, siempre hermosas mi amor.
Reímos por la jocosidad del momento.
— Subamos, la señora Carmen y su esposo tienen rato esperando a que llegarás.
— Me alegra oír eso. Vamos.
Llegamos a la entras del apartamento de la familia Parra, y dentro me consigo con dos dulces viejitos lleno de amor que me reciben con los brazos abiertos, cariñosos. la señora Carmen lleva su cabello teñido de n***o amarrado en una cola, como la recuerdo siempre y el señor Pedro está con su carita toda linda arrugadita por los años que tiene y sus dulces ojos rasgados brillantes como dos lucecitas que me miran.
— Nos alegra mucho que ayer aqui — dice la señora Carmen — Bienvenida a tu casa
— Dianita, cuantos años sin verte. Te has convertido en toda una mujer. Me alegra poder verte — me dice el dulce señor Pedro.
— A mi tambien me alegra estar aquí con ustedes y mi madre.
Los abrazo abrazo casa uno. Que alegría haber llegado con bien.
Tomó mi celular y aprovechó para mandarle un mensaje a Ram.
Ram, ya estoy en Sacarac. Estoy bien, el viaje fue rápido, hasta me dormí jajajja. Espero que estés bien.
Diana.
No pasan ni dos minutos cuando recibí su respuesta.
Me alegro que hayas llegado con bien. Seguro fue una gran siesta jajajja. Espero que diafrutes mucho por allá y que no te olvides de escribirme.
Ram Mare.
Eso si tú no te olvidas a escribirme a mi. :)