Llanus abrió poco a poco los ojos, la luz que emitía el cuerpo de Dayana lo habían mantenido cálido en el álgido lugar, no sentía absolutamente nada. Había sido cegado por su ira y al mismo tiempo por su decepción. Realizó un movimiento brusco e hizo exaltar a Dayana. —¡No te muevas!—Ordeno la chica al abrazarlo. Llanus quedó petrificado, había sentido no solo la calidez de su cuerpo sino que también su piel desnuda. Amablemente cuidaba de él aun cuando había impuesto su dominación en ella. Dayana lo miro con preocupación. Llanus la observó con deseo, apretó la mandíbula frustrado y empezó a hablar. —Tú sabías todo esto, eras parte de todo, tú me debilitaste, tú me hiciste pecar y perder la cordura... Tienes la culpa de mi fracaso—Hablo sereno con un extraño ceño en el rostro, que n

