Momentos incómodos

2521 Palabras
 14 de marzo  Es un día gris que cubre todo el cielo de Barcelona, el aire está frío y una suave neblina cubría parte de la SOM haciendo relucir una enramada de trinitarias que está en la pared de la entrada. Saco mi celular y le tomo una foto. Es una imagen hermosa. Me calentaba con un vaso de café bien fuerte. Nada podía hacer más hermoso el día de hoy.Entrando al salón, nuevamente llegando tarde, me recibe la profesora Murray. —Señor Krump. Le perdonaré esta vez que haya llegado tarde solo porque fue muy amable en traerme café—toma el vaso de café de mis manos—. Que modesto. —Pero... es mi caf... —¿Perdón? —se abren sus ojos y me mira con ironía. Entiendo lo que me quiere decir con la mirada y me voy a sentar. Gen ríe, choca su mano contra la mía y me siento cerca de la ventana para seguir viendo el cielo que me recuerda al de Hogwarts en Harry Potter y el príncipe mestizo. Busco entre los asistentes a Tina y no la encuentro. Becca tampoco vino. —¿Dónde están las chicas? — le pregunto a Gen. —No lo sé, no hablo con Becca desde ayer. no llores, gordo— le bromeo— ya sabes lo que dicen: si amas algo déjalo ir. —Cállate. Estamos peleados. Quería ir a una fiesta en Lechería sin mí. Dijo que iría con unas amigas, pero la única amiga que sé que tiene Becca es Tina. —Eso me suena a... —No me molestes, Krump. Ya me siento bastante mal. —Lo siento, gordo. Pero debes aceptar que eso es muy sospechoso. Sobretodo viniendo de Becca. Ella no te conviene, wey. —Solo lo dices porque la conocí de una extraña manera. —Sabes qué, Gen, mejor olvídalo. Volteo a ver por fuera de la ventana y me pregunto por qué amo tanto los días lluviosos. No hay nada mejor que un ambiente lluvioso con una brisa suavemente fría y un fuerte café para tomar y calentarse.  Veo por fuera de la ventana que Molly está entrando algo rápido y se le ve molesta. Pasa a la puerta y un chico vestido de motociclista camina detrás de ella con la misma prisa con la que Molly camina. El chico la alcanza y le toma el brazo derecho. Ella se voltea hacia él y le dice algo con furia mientras trata de zafar su brazo de él. Él la atrae con fuerza hacia sí y la besa bruscamente. Molly lo empuja, le da una fuerte cachetada y sale corriendo hacia dentro de la SOM. El chico sale, toma su motocicleta y se va. —Disculpe, profesora—me levanto interrumpiendo a la profesora Murray quien estaba explicando algo—. ¿Puedo salir un momento? —¿Para qué quiere salir? —Eh, necesito, eh, tomar aire fresco. —Señor Krump, creo que toda la SOM está impregnada del fresco aire que está mañana nos ha regalado. Pero si quiere salir, vaya y no tarde. —Gracias—. Salgo y bajo rápidamente las escaleras. Estoy en el segundo piso y busco el salón de la sección donde sé que ve clases Molly. Me asomo a la puerta, están en plena clase, pero Molly no está. Corro de nuevo escaleras abajo y llego a la planta baja. Voy a la cafetería, y allá está, sentada con un Nescafé, sola, cabizbaja. —¿Puedo sentarme? —Joe— me ve y se sorprende—. Sí sí sí, puedes sentarte si quieres—se quita algunas lágrimas. Me siento. —¿No deberías estar en clase? —pregunta sin levantar la cabeza. —Sí. Pero pude ver lo que pasó allá afuera y salí a ver cómo estabas— gime un poco— ¿era tu novio? ¿Pasa algo malo? —Joe, no quiero hablar de eso ahora, lo siento—toma de su café. —Yo lo siento, disculpa, de verdad. No quería molestarte. Pensé que quizás hablar con alguien te haría sentir mejor. Nos quedamos en silencio por un par de minutos hasta que ella misma rompió el silencio. —Fuimos novios por dos años. Él en verdad me gustaba y creo que yo a él. Me ayudaba mucho y me complacía con muchas cosas y lujos. Pero me llenó de muchas mentiras y ocultó varias cosas de su vida que sin querer descubrí y la verdad quedé decepcionada de él. Su vida, su trabajo, sus amistades... todo, todo era una mentira. Descubrí toda la verdad y le terminé, pero él aún no lo acepta y sigue llamándome, buscándome, enviando textos, me escribe por f*******:, va a mi casa y la verdad ya me tiene cansada— la veo y ahora no sé qué decirle. Creo que ni debí haber venido. Pero algo en sus ojos y en su forma de hablar despierta mucha naturalidad en mí cuando estoy con ella. —Eh..  pues creo que ya deberías aclararle que ya no lo quieres. —Ya lo he hecho, Joe, miles de veces, pero es inútil. —Que pedo— me limito a decir. —Lo es. Gracias por escucharme. Lamento haberte llenado con mis melancólicas historias. —No tienes que pedir disculpas, me gusta hablar contigo. —¿De verdad? —De verdad. Hablo contigo y siento la libertad de poder hablarte de cualquier cosa y estar seguro de que no te aburrirás—ríe. —Bueno, eso es cierto. Puedes hablarme de sionismo, del Islam, de Neruda, The Beatles o de Donald Trump y me estaré divirtiendo mientras hables. Río– Oh vaya—digo. —Oye, Joe, ¿qué harás hoy después que salgas de tu turno en Tiempos de café? —Eh, creo que nada... nada que recuerde ¿por qué? —Aún están pasando La bella y la bestia ¿ya la viste? —No, aún no la he visto.  —Bueno, si quieres podemos ir a verla después de nuestro turno. —Me parece genial, pero la cola que se hace en el cine no me parece tan genial que digamos. —No te preocupes, tengo un amigo que trabaja allí y nos conseguirá las entradas sin hacer la fila. —Que genial. Entonces veremos la peli. —Será la bella y la bestia. —Perfecto. Suena el timbre y la cafetería se llena de estudiantes. Gen aparece con Becca y noto que están peleando. Me levanto y Molly también lo hace. —Joe— me toma de la mano—, gracias por venir a alegrarme el día—dibuja una sonrisa en sus labios. —No hay de qué. Ya te dije, me gusta hablar contigo. Y aún lo volvería hacer... —¿Joe?—Aparece Tina.  —¿Tina?— Molly me suelta la mano— eh... pensé que ya no vendrías a clase. —Estaba ayudando a Becca con unas cosas y se le hizo bastante tarde—dice con tono un poco irritada mientras ve a Molly, nunca la había visto así. —Joe, creo que... Hablamos después—me dice Molly y se va. —Ehm... está bien. —¿Acaso es la zapatera de los bolos? —Ella es Molly. Se llama Molly. —¿Desde cuándo la conoces? —levanta la ceja derecha. —Tina, ¿qué te sucede? Estás rara hoy. —Nada, mi amor—ahora se vuelve tierna y me abraza—. Ya vámonos, tenemos clase de castellano en la biblioteca. . ¿Me dijo mi amor? . Mientras vamos a la biblioteca me toma del brazo y la miro de reojo. Me abraza de la nada. Río un poco y noto que todos nos ven. —Hace algo de frío, ¿no crees? —dice Tina mientras se frotan las manos. —Sí, hoy ha hecho un poco de frío. Iré a comprarme un café, el mío se lo tuve que dar a la profesora Murray. —Dios, Joe, ¿no te cansas de tomar café? —¿Acaso tomo el café corriendo? —No te creas tan gracioso, Joe—reímos—. Bueno, vamos por el café. —Pensé que habías dicho que no te gustaba el café. —Sí, bueno, creo que me está empezando a gustar—dice mirándome a los ojos. —Bueno... Nos desviamos del corredor que va a la biblioteca y vamos nuevamente a la cafetería. Compro 2 cafés mediano y le doy uno a Tina. Ahora vamos nuevamente a la biblioteca a paso lento para disfrutar el café. —Me encanta el café que hacen aquí. Lo hacen perfectamente a mi gusto: fuerte y con poca azúcar. —Sí, a mí también me gusta así—dice Tina. Es raro, solo la he visto dar algunos sorbos y ya yo me lo voy a acabar. Siento mi celular vibrar. Lo saco de mi bolsillo y veo un w******p de Gen "Oye, we, estoy arreglando un asunto con Becca y no podré entrar a la hora de castellano. Nos vemos en el Tiempos de café". Me pregunto qué asunto podrá estar resolviendo. Me quedo viendo fijamente el mensaje y algunos cabellos se me deslizan a la cara por la inclinación de mi cabeza. Tina de repente me toma la mano donde sostengo mi celular y me ve fijamente. Se me acerca mucho logrando recostarme a la pared del pasillo. Tira su café que tenía en su mano libre y la pasa por mi cabello suavemente. —Joe—dice casi como un susurro. —Tina—digo sin tener idea de qué putas está pasando. —Es que... Tú, Joe... eres diferente a los demás chicos—dice en voz baja. Me ve los labios, luego los ojos. Se acerca más, directo a mi boca... —Señor Krump—aparece de repente la profesora Murray y Tina se aparta—. Pensé que solo saldría un momento de mi clase a tomar "aire fresco"—hace comillas con sus dedos—, pero ni siquiera se tomó las molestias de volver. Y usted señorita, eh... ¿Shun? ¿Sí? No entró a mi clase hoy. Y por la hora—se ve el reloj de su muñeca— veo que tampoco piensan entrar a castellano. —Eh... sí —digo de inmediato—. A eso íbamos ahora mismo— salgo corriendo por los pasillos y llego a la biblioteca. El profesor de castellanos colocó en mis manos "Crónica de una muerta anunciada" de Gabriel García Márquez. De esa lectura se trató la clase de hoy, en la que por cierto Tina nunca llegó.  Hoy Gen no me pasó buscando para ir al Tiempos de café y tuve que decirle a mamá que me llevara. Necesito con urgencia un auto. No soporto la idea de estar dependiendo de Gen o de mi mamá. Y lo peor es que no me puedo llevar el auto de mamá. No me deja usar su camioneta desde que me la tomé sin pedir permiso para ir casa de Gen a beber vodka y robé una luz roja del semáforo, para entonces era menor de edad y la policía me detuvo, pasé casi diez horas detenido y mamá tuvo que pagar como 7 infracciones absurdas que no tenían nada que ver con el caso pero que mamá igualmente pagó y cada vez que se recuerda me cobra el dinero que tuvo que pagar. Algún día se los pagaré. Al dejarme en el Angells Mall mamá me anuncia que deberá viajar al interior del país en los próximos días a resolver un problema con una herencia de papá y que me quedaré solo en casa. No le cuestiono nada, solo asiento y le digo que está bien. —Joe—hace una pausa mientras me ve fijamente—, me tendré que ir en avión. —Está bien, mamá. —Joe, me iré en avión. Te estoy diciendo que dejaré la camioneta, y que solo tendrás mi permiso de usarla para venir al trabajo. Y solo para venir al trabajo. Ni siquiera para ir al colegio quiero que saques el auto. Aún estoy decepcionada de lo que hiciste el año pasado y quiero que entiendas lo grave que fue y que debes recibir esta sanción por esa irresponsabilidad. —Mamá no tienes que hablarme como un abogado acusador. Sé muy bien lo que hice. Además, desde que hice lo que hice no te he pedido que me prestes el auto, solo te he pedido que me lleves. —No es una cuestión de orgullo sino de responsabilidad, cariño. En fin, ya vete a trabajar. Nos vemos a la mañana. Escríbeme si Gen no te podrá llevar para venir a buscarte. —Está bien, adiós. . Esta jornada fue más aburrida que la anterior. Gen estaba muy callado. No me quiso contar su problema con Becca y no me dio lugar para contar el extraño momentos que pasé con Tina y la profesora Murray. Al acabar nuestro turno la señora Noris nos invitó a cenar, pero apenados tuvimos que rechazarla ya que debía encontrarme con Molly y Gen ya se quería ir a dormir. La señora Noris nos ve y dice —Les recitaré una frase de Séneca que siempre llevo conmigo: "Hace falta toda una vida para aprender a vivir". Quiere decir que no podemos esperar aprender a controlar lo que pasa porque nos acabaríamos la vida sin haber vivido en realidad. Solo hay que disfrutar el momento y no darles importancia a sentimientos momentáneos. Espero tengan una linda noche, mis chicos guapos. Se da vuelta y se va. La señora Noris es una mujer muy tierna. Gen casi llora. —¿Vas a seguir llorando, gordo? —Sí, amo a esa vieja. Siempre tiene algo lindo que decir. . Cuando salgo me encuentro con Molly quien ya tiene en sus manos las entradas para el cine. —¿Qué tal tu día de trabajo? —Aprendí una frase de Séneca ¿y tú? —Aprendí que no hay que oler los zapatos de menor talla. Mientras caminamos siento que algo n***o nos pasa por detrás a cierta distancia. Me volteo y Molly lo nota. —¿Qué sucede, Joe? —Nada... creí que alguien estaba detrás de nosotros. Molly se asusta un poco. —Tranquilo, Joe. No hay nadie por aquí. Es un día de semana y casi no hay gente en el Angells Mall. —Lo sé, solo estoy algo cansado. —Debe ser bastante trabajo aprender una frase de Séneca. Reímos. —Siempre tienes algo gracioso que decir —Son años de práctica—dice mientras se recoge el cabello. Volteo hacia atrás sin ningún propósito y noto que alguien en una esquina nos está viendo mucho, de hecho, nos está viendo tanto que me incomoda. —Molly, ¿conoces ese de gorra negra que está en la esquina? —le digo susurrando mientras seguimos caminando. Molly no tan disimuladamente se voltea a verlo. —Debe ser algún vigilante nuevo. —Puede ser...
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