Todo permanecía oscuro y sombrío, mis ojos estaban pesados y mi cuerpo apenas respondía, mi mente algo confusa trataba de recordar las cosas que sucedieron, la llamada telefónica, Paolo, su grito, mi nombre, mi hermano o por dios mí hermano. Luché contra mis párpados pesados mientras respiraba con dificultad, una mano acarició mí rostro con delicadeza y mi nombre brotó de sus labios. Su voz era tan grave como la recordaba, aunque su perfume era distinto, sus manos conservaban el aspecto calloso debido al uso de armas y seguramente alguna nueva actividad. Fruncí mi entrecejo y me removí un poco, la luz se colaba por la ventana de la que reconocí como mi habitación, sus ojos celestes me observaban añorantes, parece que la vida le pasó factura porque cuando sonríe, unas arrugas aparecen a

