Los tres terminamos de comer, pagué y nos retiramos por fin. Lily me dijo que deseaba ir a su casa pues estaba muy cansada. Caleb me pidió, de nuevo, que le dejara conducir, Lily me miraba con una sonrisa, solo así acepté la petición de Caleb quién al escuchar el “Okay” comenzó a saltar como niño con juguete nuevo. —No seas tan infantil, Caleb —reproché al ver sus movimientos tan perturbadores. Lily rió. —¡Déjalo ya! No ha tenido infancia y aprovecha sus treinta y pico para serlo —comentó Lily con burla. Caleb nos miró y se detuvo. Lily y yo comenzamos a reír. En un par de horas, estuvimos de regreso a nuestras vidas normales. Caleb dejó a Lily en su apartamento, ella entró y al verla alejarse tuve un deja vú. Sentí que yo ya había venido antes pero no sabía por qué. Para mí era la pr

