Patrick no estaba dispuesto a ceder. No dejaría que nadie le arrebatara a su chica. Eran las tres de la tarde, Lily permanecía encerrada en su pequeño refugio. Caleb, el mejor amigo de Patrick, notó que el resto del día Adams estuvo distraído. De hecho, le cuestionó al respecto, mas Patrick no respondió. —Oye, soy tu amigo, puedes contarme lo que sea. —Claro, como cuando te conté que Lily se casaba y me aconsejaste que lo impidiera, que hablara con ella, ¿y sabes cómo resultó? ¡Mal! —No la pagues conmigo, Patrick, yo no tengo la culpa de que no sepas hacer las cosas. —No, claro que no tienes la culpa —masculló Patrick, con sarcasmo—. Otra cosa, ¿la has visto? —No, desde que salió de tu oficina, se encerró en la suya y no salió ni para almorzar —comentó Caleb. Patrick lo miró pr

