Dejó de hablar porque había recordado su embarazo y de inmediato miró su abdomen abultado, dándose cuenta de que tenía que preguntar sobre la estabilidad de su pequeño. —Valentina, el bebé está bien, así que no te preocupes. Han pasado casi dos días desde que desapareciste. Pero me alegra saber que no hay ni un solo rasguño en tu cuerpo o indicio de algún daño —le expresó, mientras estaba dejando un beso en su coronilla. —¿Dos días? Ya quiero ir a casa. —La policía no hablará contigo, ese idiota lo ha confesado todo, de manera que no es necesario una declaración de tu parte. Le voy a preguntar al doctor si pueden darte el alta el día de hoy, también podemos ir a casa —le expresó y ella asintió —. He pensado en algo muy importante y es que deberías irte a mi piso en lugar de estar sol

