Michael se apoyó en la barra del salón, su rostro endurecido por la tensión mientras observaba a James, quien levantaba su vaso con tranquilidad, como si el mundo no estuviera tambaleándose a su alrededor. La hiena bebió un sorbo pausado, estudiando a Michael con sus ojos astutos de siempre. Y en ocasiones como esa, la pantera podía ver algo de la mirada de Kitty (la hija) en la del padre, y se preguntaba como no se había dado cuenta de su vínculo antes. —¿Un trago? —ofreció James, ajeno a los pensamientos de Michael, girando el vaso entre sus dedos como si ese pequeño gesto pudiera disipar la gravedad de la conversación que estaban por tener. Michael negó con un movimiento seco de cabeza. —No, gracias —respondió con voz áspera, sus manos cerrándose en puños sobre la barra. James

