Dejo salir un resoplido, no han pasado ni cinco minutos, cuando mi estómago comienza a rugir y a doler un poco. No tengo apetito. Poso una mano en mi abdomen ante un espasmo. Abro los ojos al darme cuenta de lo que podría ser y es que, cometí el error de comer unos cubos de queso en el evento… cuando yo soy, intolerante. Respiro profundo y observo a Aslan, quien se venda con un trozo de su camisa la herida. Está tan sereno. ―¿Puedes irte? ―Pregunto de repente, queriendo correr al baño. Pero no quiero que esté aquí. Alza su mirada, clavándola en mí y aprieta su entrecejo. Gira su rostro y mira hacia la ventana, donde se escucha la lluvia torrencial cayendo. ―No. ―Responde sin más. Ruedo los ojos caminando hacia la puerta del baño, la abro y miro el interior, me quiero morir. Está

