Cuando subí al auto no pensé mucho en decirles que no me llevaran al rancho. Necesitaba estar lejos, por lo menos, un momento más. Sigo alterada, con muchas emociones encontradas en mi interior y podría prenderle fuego a ese lugar sin importarme nada ni que Gabriel quiera asesinarme. Veo la pantalla de mi celular sobre la barra del bar dentro del restaurante. No sé cuántas piñas coladas me he tomado, pero puedo ver las llamadas perdidas de Sertan. Esbozo una sonrisa, porque de seguro ha notado el resultado de su querido deportivo. Le doy un sorbo más a mi coctel y dejo salir un suspiro. He llamado a Gabriel, le he anunciado mi decisión irrevocable de no casarme con Sertan, le escuché furioso, pero para mi sorpresa, no me llevó la contraria ni quiso demandarme que me casara con su hijo

