—¿Ha estado bajo presión últimamente, señorita de Oliveira? —me pregunta el médico. Manoel sujeta mi mano derecha entre las suyas, la lleva hasta mis labios y me da pequeños besos por todos mis nudillos, lo miro y le dedico una pequeña sonrisa, pues tal parecía que mi pobre amor estaba más preocupado de lo que yo podría estarlo. —Sí, he tenido mucho trabajo últimamente —asiento hacia él—, casi no he tenido descanso. —En estos casos, es normal que algunas veces la regla se salga de control, le mandaré una inyección para que calme el dolor, además de algunos analgésicos. Con unos días de reposo y estará como nueva —el hombre de mediana edad nos sonríe con amabilidad, sin saber que, con aquella confesión, me llenaba de un absoluto alivio, por un leve instante temí que me saliera con algo

