Capitulo 5

1474 Palabras
Lilith. Quedé hipnotizada ante la perfecta sonrisa de este atractivo doctor. Siento mucha vergüenza al dejar que el me ayude, si estuviera a mi alcance pagaría por mi propia cuenta todos los gastos pero lamentablemente el sueldo que me pagan solo me alcanza para pagar la renta y comprar comida. Entré a la habitación de Sallie para buscar mi bolso y despedirme de ella. Aún seguía dormida, lamentablemente voy a tener que interrumpir su siesta. —Sallie —Susurre a su oído. Ella comenzó a abrir poco a poco esos ojos tan hermosos. —Que pasa? — Bostezó —Ya te vas? —Si, ya me tengo que ir, ya sabes lo exigente que es mi jefe, mañana volveré temprano, mientras tanto quedarás al cuidado del Doctor Cavalieri. Ella llevó su mirada hacia él que se encontraba en el marco de la puerta asomado y hizo un gesto con su mano para saludarla. Ella le sonrió muy contenta —Esta bien hermana, ve que ya se te está haciendo un poco tarde. La miré y le di un suave beso en su frente — Adiós, te amo Sallie. —Yo también te amo —Respondió. Caminé hacia la puerta y me nuevamente del Doctor —De nuevo muchas gracias por cuidarla y prometo que llegaré mañana temprano. El asintió —Esta bien, no te preocupes ella estará bien bajo mi cuidado. Seguí mi camino por el pasillo y tomé el ascensor, se encontraba vacío, normalmente cuando está lleno de enfermeras. Mientras caminaba a la salida pude observar como la sala de esperas estaba repleta de pacientes, entre ellos vi a una de mis compañeras de trabajo, como no me vio decidí seguir mi camino hasta la salida. Caminé lo más rápido posible hacia la parada de bus más cercana, miré mi teléfono, cuando vi la hora mis ojos se abrieron como platos, solo podía pensar en el sermón que me daría mi jefe. La última vez que hablé con él termino muy mal. ¡Al fin! Di un gran suspiro al ver que el bus se estacionó frente a mi. Cuando , el chófer me dio una mirada que se me antojo algo pervertida. Lo ignore completamente y seguí hasta conseguir un asiento vacío, no fue tan difícil pues no habían tantas personas como creí. El bus me dejó justo en la entrada de mi barrio, antes de ir a mi estupendo trabajo debía ir a ver a Sarah, tengo que dejarle su cena lista para luego irme lo más pronto posible. Mi barrio… no es para nada un barrio de ricos, es un barrio donde abunda la pobreza, donde hay mucho vandalismo, me encantaría poder brindarles a mis hermanas un lugar un poco más decente, ellas no merecen vivir en una pocilga como esta, pero por los momentos esto es lo que puedo conseguir, esto es lo que puedo costear con mi trabajo. Si, una vez más mientras caminaba a la residencia me perdí en mis pensamientos, es difícil no hacerlo, tengo muchas cosas en la cabeza. Entré y el primer rostro que vi fue el de la señora Gladis, ella era la encarga de cobrarme el alquiler y de hacerme la vida imposible, pues siempre se queja de que lo que yo le pago no es suficiente y de que siempre me tardo en saldar dicha deuda. —Buenas tardes señora Gladis —Cerré la puerta detrás de mi. Me miró de arriba abajo, ni siquiera disimuló —Buenos tardes —Contestó fríamente. La tension entre nosotras es muy fuerte, así que decidí no decir ni una palabras más y entrar a el cuartucho. Busque las llaves y abrí la puerta. —¡Lilith! —Vi a Sarah alegre por mi llegada. Me recibió con un fuerte y cálido abrazo, cómo adoro esos abrazos. —¿Cómo estás Sarah? Qué has hecho en todo este tiempo que he estado en el hospital? —Dije tirando el bolso a un lado y yendo de inmediatamente a la cocina a conseguir algo de comer y prepararle la cena a Sarah. —Te he ayudado a ordenar, pues este lugar estaba hecho un verdadero desastre, luego de terminar de ordenar me comí el delicioso almuerzo que has dejado preparado para mi —Sonrió —Ahora cuéntame tú, cómo está Sallie? Traté de que no se notara mi cara de preocupación. Acomodé mi garganta —Sallie está bien querida, solo necesita que le hagan unos tratamientos para que pronto pueda estar aquí con nosotras — Dejé a un lado lo que estaba haciendo para mirarla. Su cara estaba llena de tristeza. —Si Sallie estuviera tan bien como dices ella ya estuviera aquí con nosotras. —Lo sé, pero como te he dicho, necesita que le hagan una serie de tratamientos, ya verás que cuando menos te lo esperes estará aquí y haremos una noche de chicas. — Una sonrisa se dibujó en su pequeño y delicado rostro. —Tengo que mostrarte algo — Fue corriendo a nuestra habitación. Cuando se devolvió traía una hoja entre sus manos y la expuso frente a mi. En la hoja nos encontramos dibujadas, Sarah, Sallie y yo. —Es un regalo para Sallie, quiero que se lo lleves mañana. —Esta precioso, estoy segura de que Sallie se pondrá muy contenta por este regalo —Coloque un mechón de su cabello detrás de su oreja —Guárdalo en mi cartera para que no se me olvide mañana. Ella hizo caso y yo seguí preparando la cena. Gracias a Dios mi madre antes de irse me enseñó todo lo que sé sobre cocinar, no soy una chef profesional pero me defiendo. Probé la salsa para la pasta. —Dios, debería estar en Máster Chef —Murmure. Cuando la pasta estuvo, serví la comida en un plato. —¡Sarah, ven a comer! —Sarah vino de prisa a la cocina. Sarah observo la mesa y luego me miró a mi —Tu no cenarás?. —No, voy retardada al trabajo, me iré a duchar, tu siéntate a comer. Salí de la cocina y me metí al baño. Cuando termine mi ducha, tomé mi ropa y me arreglé de inmediatamente. Cuando finalmente estuve lista, me asome a la cocina para ver si Sarah ya había terminado su comida, efectivamente estaba en lo correcto. —Sarah voy al trabajo, volveré más tarde, cualquier cosa que necesites no dudes en llamarme, recuerda, no le abras la puerta a extraños y no salgas de aquí. —Me agaché para darle un beso en la frente —Te amo muchísimo. Ella me dio un abrazo —Cuídate mucho Lilith. Ella se fue a ver la TV y yo salí del lugar lo más rápido posible. Tome la decisión de irme a pie pues el club no quedaba tan lejos del barrio aunque era mucho mejor tomar el bus pero sé que si lo espero llegaré más tarde. Mientras iba camino al club noté como los hombres clavaban sus miradas en mí y como las mujeres me miraban de una forma un poco extraña. Desde que comencé en este trabajo siempre he tratado de que no me reconozcan, tampoco es como que sea muy conocida pero aún así no quiero que mis hermanas se enteren de mi secreto, ellas siempre han creído que trabajo en un restaurant. Mientas más me acerco a mi destino, más incrementan mis nervios, pues sé muy bien que mi jefe me reclamara por llegar tarde. Llegué al club, estaba repleto de gente como la mayoría del tiempo, me dirigí a los camerinos para saludar a mis compañeras. —¡Lilith! —Exclamó Daniela. —Corrió hacia mi para darme un abrazo. —Hola Dani, Javier me quiere ver en su oficina, cierto? —Suspire. —Estas de suerte esa escoria no se encuentra, llamó para decir que no podrá venir porque tiene una “reunión de negocios” —Hizo el gesto de comillas con sus manos. —Que bien, ya me estaba preparando psicológicamente para su sermón. Ella me miró y luego terminó de colocarse su peluca rubia. —Vamos tenemos mucho trabajo allá afuera. —Dijo para luego sumergirse entre el montón de hombres que concurrían a este club en busca de placer. Me coloque la peluca roja que siempre utilizo y salí. El ambiente se estaba relajado, vi a Daniela sentada en las piernas de uno de muchos mafiosos que suelen recurrir a este lugar pasé por un lado de ella y le guiñe un ojo. De la nada siento que alguien viene detrás de mi, cuando me dí la vuelta era el mismo hombre al que atendí aquella noche, el que me dio dinero sin hacer absolutamente nada. —Hola —Sus ojos se clavaron en mi escote. —Hola guapo —Le di una sonrisa maliciosa.
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