Capitulo 1

1174 Palabras
Lilith. —Sarah por favor ya te he dicho que no corras dentro de la casa —Dije estresada Criar a mis hermanas fue lo único que mis padres me heredaron antes de desaparecer, fueron muy amables al dejarme la única posesión que conservaban, ni siquiera se tomaron el tiempo para avisarme, solo nos dejaron en cama, desapareciendo de la nada en un día lluvioso de un tres de Febrero, nos levantamos como todas las mañanas animadas por empezar un nuevo día a pesar de todos los problemas con los que nuestra familia cargaba. A diario llegaban a nuestra casa cobradores en busca de nuestro padre, búsqueda que siempre fracasaba pues la mayoría del tiempo no se encontraba, supongo que es porque sabía que lo buscarían aquí, le cobraban a mi madre cantidades exorbitantes de dinero que el debía y que obviamente mi madre no podía pagar. Estos tipos llegaron al extremo de amenazar de muerte a mi madre si él no pagaba esta deuda. Mi madre desesperada al no tener la ayuda de su familia ya que decidieron cortar lazos con ella cuando ella tomo la decisión de casarse con nuestro padre, pues ellos siempre le dijeron que este hombre no le convenía. Por un momento mi madre pensó en que huyéramos pero prefirió volverse cómplice de las fechorías de este ser, ella siempre decía “al ser mayor debes encargarte junto a mi a pagar las deudas de la bazofia de tu padre” cada vez que llegaba uno de estos cobradores ella les pedía que regresaran en las noches para poder saldar la deuda, entrándolos cuando la casa estaba totalmente dormida, cuando mi padre como de costumbre pasaba sus veladas en los bares de la cuidad ingiriendo alcohol hasta no poder más y acumulando más deudas que terminaría pagando su esposa. Mi madre aprovechaba estas situaciones para meter a estos rufianes a la última habitación de la casa, lugar donde las paredes no tenían oídos, siendo perfecto escenario para una espectacular actriz como lo era ella, susurrándome al odio que jamás le contará a nadie, que este sería un pecado que ambas tendríamos que ocultar el resto de nuestras vidas. Mi madre pedía a estos tipos acomodarse en la cama mientras ella se acercaba y en un sensual baile terminaba desnuda, toda las noches tenía que observar el acto dónde los mafiosos no quedaban conformes bajando la cuota un mínimo. Esto se volvió parte de mi vida, tener que observar como madre entregaba su cuerpo a un hombre distinto cada noche, en ocasiones tenía que presenciar como era brutalmente golpeada ya que en este mundo hay tipos con gustos muy raros. Mi mamá de lejos me miraba con una expresión con la cual intentaba tranquilizarme pero era casi inevitable que mis ojos desbordaran lágrimas. Un día me levanté muy temprano para rezarle al señor, no quería seguir viviendo esta vida, no quería que mis hermanas se criarán con estos monstruos, confundida bajé las escaleras encontrando a mi padre tirado en el suelo como todas las mañanas, al acercarme pude notar que alrededor de sus labios había un particular polvo blanco, preferí no darle suficiente atención solo quería llevar mi misión a cabo, me acerqué y susurré en su oído. —Mama está haciendo todas las noches de puta. El al escucharme de una vez tomó consciencia, mostrándose enfurecido, explotando la botella que tenía en la mano, astillándose algunos trozos de vidrios. Él se levantó del suelo y me empujó. —¡Papá! Mamá lo ha hecho para pagar tus estúpidas deudas —Sentí como el miedo se apoderó de mi cuerpo. Este se acercó a mí y me abofeteo —Una mocosa como tú no tiene permitido hablarme así —Gritó para luego dirigirse a la habitación de mi mamá. Sobe mi mejilla conteniendo las lágrimas, repentinamente escuché en la habitación de mis padres uno gritos que al instante pude identificar, salí corriendo para ver lo que sucedía aunque ya lo sospechaba, al cruzar la puerta de la habitación vi a mi padre con la correa envuelta en su mano dando fuertes azotes a el cuerpo desnudo de mi madre, este la tomo del cabello cortando una parte de su labio con el cristal que estaba incrustados en su mano. Mi madre gritó por el dolor, unas profundas náuseas vinieron a mi y todo empezó a verse borroso, intenté ir a la habitación de mis hermanas para evitar que ellas presenciaran tal atrocidad pero terminé desmayándome camino a la habitación. Al recuperar la conciencia de nuevo pude notar que ya había caído la noche, fui apoyándome en las paredes hasta llegar a la habitación, encontrando a mis hermanas escondidas en el armario, acudí por su ayuda, intentando descubrir el motivo por el que se encontraban tan asustadas. Me contestaron que escucharon a papá y a mamá pelear durante toda la tarde, que la casa temblaba y que los gritos no cesaban. Las acogí en mis brazos intentado subir sus ánimos, después de un largo rato, finalmente logré que se durmieran, quise salir para ver qué había sucedido con mis padres pero el sueño me venció volviendo a caer en un profundo sueño. Cuando amaneció salí con mis hermanas en busca de mis padres, abajo no había nadie, revisamos las habitaciones y no habían ninguna de sus pertenencias, se habían llevado las cosas de valor, dejándonos solo los recibos de cuentas que pagar. Mis hermanas entraron en pánico empezando a llorar, me agache para verlas a la cara y prometerles que haría todo lo humanamente posible para hacer que nuestra vida marchara mejor, las acompañé nuevamente a la habitación pidiéndoles que por favor no salieran de allí hasta que yo les avisara. Revisé de arriba abajo la casa, buscando el mínimo de dinero, no logré encontrar algo de valor, tampoco estaba mi madre entonces decidí revisar en el baño aunque no creía encontrarla ahí. Estaba muy equivocada… Si encontré a mi madre, la encontré, pero muerta, recuerdo lo mucho que lloré al ver su pálido cuerpo sobre la tina, poseía una gran brecha en su cuello y sus ojos aún seguían abiertos. —Te odio —Murmure mirando el cuerpo —Jamás te perdonaré por habernos abandonado. En ese momento salí en busca de un teléfono para poder llamar a la autoridades. Así empieza mi historia, después de cinco largos años de desgracia ahora cuento con veinte años de edad encargándome de toda responsabilidad de mis hermanas aportándoles todo lo necesario para que tengan una vida normal y estable aunque eso signifique la destrucción de la mía. —Vamos al parque —Dijo Sallie halándome del brazo. Al llegar al parque ambas se fueron a jugar en los columpios, miré el cielo intentando recordar a mi padre y pensando en qué lugar del mundo se encontrará ahora. – —¡Ven, Lilith! —Gritó Sarah quien se encuentra jugando en los toboganes. Me fui hasta donde están ellas sonriendo levemente. No puedo arrepentirme del regalo combinado que me ha dado la vida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR