Capítulo 7

1182 Palabras
Lilith. A la distancia observé a dos hombres extraños, creo que alguna vez me pareció haberlos vistos en el club. Empecé a caminar lento para que ellos siguieran su camino y no toparme con ellos. Cosa que no funcionó pues se quedaron allí hablando. Para no toparme con ellos crucé al otro lado de la carretera quizás estaban tan ebrios que no notarían mi presencia. —Oye… Linda —Gritó uno de los hombres el moreno de camiseta negra tenía una botella de ron en su mano derecha, creo que tenía aproximadamente unos 40 años. Los dos cruzaron hasta donde le encontraba, aceleré el paso pero lograron alcanzarme. —¿Qué hace una mujer tan hermosa como tú tan sola por estas calles? — Podía notar en su manera de hablar que estaban ebrios pero no lo suficiente como para tambalearse. —Ese no es su problema así que pueden volver a lo que estaban haciendo, buenas noches. —Traté de seguir mi camino pero uno de ellos se colocó justo frente a mi. —¿Sabías que es de mala educación dejar a las personas hablando solas? — Paso su mano por mi cabello. —No me toque —Aparte su mano y luego lo empuje. —Oye no sea grosera solo queremos pasar un buen rato contigo —Paso su mano por mi escote. —Déjenme en paz o llamaré a la policía —Alce la voz. —¡Qué miedo! —Dijo con tono sarcástico el calvo de camisa blanca —Esta puta llamará a la policía, ¿No crees que deberíamos castigarla por amenazar a estos pobres hombres? —Claro que sí —Dijo el moreno con una sonrisa macabra. Mire a los lados para ver si alguien podía ayudarme con estos cerdos, pero no había nadie así que los empuje y camine los más rápido posible mientras buscaba en mi cartera el celular. Unos de ellos corrió detrás de mi yo traté de hacer lo mismo pero terminó tacleándome y arrebatándome. —¡No, suélteme, suélteme, auxilio! —Grite desesperada, lo mordí pero me golpeó en la cara. —Colabóranos y saldrás sin un rasguño —Susurró a mi odió. Intenté mover mis piernas para quitar sus asquerosas manos de mi cuerpo pero el otro hombre se encargó de sostenerlas. El hombre que estaba encima de mi era tan fuerte que sostenía mis dos manos con una sola mano. Empecé a llorar de la desesperación, solo quería escapar de las garras de estos tipos, debía haber escogido otro camino. Con mis rodillas le di un golpe en su m*****o pero otra vez el bastardo me golpeó pero está vez en el estómago dejándome sin aire. Grite, grité fuerte para que alguien pudiera escucharme pero eso parecía no tener resultados. —Cállate perra —Comenzó a besarme el cuello con sus asquerosos labios, en ese momento solo quería desaparecer. Con la otra tocaba manoseaba mi cuerpo, comenzó a subirme el vestido. De pronto veo un destello de luz, se trataba de un carro. En ese momento grite cada vez más fuerte, tanto que sentía como mis cuerdas bucales ardían. —¡Auxilio, auxilio!. El carro se paró justo al frente de la escena. El hombre que estaba tomándome de las piernas se fue corriendo sin parar mientras que el hombre que estaba encima de mi me soltó y lo empuje con todas mis fuerzas haciendo que cayera en el suelo. Yo me levanté inmediatamente adolorida y con lágrimas en mi cara. Tomé la botella de ron que estaba en el suelo y la rompí en mil pedazos en su cabeza. —Maldito —Grite. Me tiré en el suelo, el auto seguí allí estacionado y de repente salió un hombre. Al ver a la persona me quedé impactada. Es el Doctor Cavalieri. Lo miré a los ojos, solo podía pensar en huir. —Estas bien? —Estaba muy preocupado, colocó su mano en mi cara al ver el moretón que me dejo el hombre tendido en el suelo. De mi boca no salían palabras, estaba en shock quizás había matado este hombre y ahora tendré que pagar años de cárcel por su muerte, lo más probable es que mis hermanas vayan a un orfanato y piensen que las abandoné así como lo hicieron mis padres. —¿Lo maté? —Dije aterrorizada observando la sangre. El doctor se acercó al cuerpo y tomó el pulso, está vivo debo llamar a las autoridades. Abrió la puerta de su auto —Tome asiento señorita Lilith, la llevaré a su casa, deme su dirección. Tecleó los números de la autoridades en su teléfono y reportó el caso. —Ya está resuelto pronto vendrá la policía y una ambulancia. Debes quedarte aquí para que te tomen la declaración. —Lo siento, no puedo esperar a que venga la policía, no quiero más problemas en mi vida solo quiero irme a mi casa a descansar e ir mañana al hospital a ver a Sallie. No puedo decirle que vivo en un barrio de gente pobre, seguro se disgustara y dirá que soy una pobretona. —Si es así déjeme llevarla a su casa señorita, no tengo ningún problema. —No se moleste en hacer eso, puedo irme sola — le di una sonrisa sin ánimos tratando de cubrir mi tristeza. —No la dejaré irse sola, déjeme llevarla a su casa. — me tomó del brazo. —No me toque, por favor, le he dicho que iré caminado a mi casa. —Me fui corriendo dejandolo atrás mientras escuchaba que el gritaba mi nombre. Corrí sin parar hasta llegar a mi destino. Todo el mundo estaba durmiendo, me acerqué a la puerta y me quedé allí con mi cabeza apoyada en ella pensando en todo lo que había sucedido, pensando en lo grosera que fui con el doctor cuando el solo quería ayudarme. Pero no quería que viera en el barrio que vivo, porque de seguro se disgustaría. Sé que no debo vivir de apariencias pero sé que el al ver dónde vivo sentirá lastimas por mi y no quiero eso, no quiero su lastima. Dejé de divagar en mis pensamientos, tomé las llaves u abrí la puerta. Todo estaba oscuro, revisé la habitación y Sarah estaba profundamente dormida. Tire mi bolso por ahí, busqué el botiquín de primeros auxilios y fui al baño. Me miré en el espejo, tenía una gran moretón en mi ojo y uno que otro rasguño en mi cara. En mi mente se repetía una y otra vez lo que sucedió hace unos minutos atrás. Abrí el botiquín y agarré algodón para luego mojarlo con un poco de alcohol. Cuando el algodón hizo contacto con mis heridas empezó a arder como el demonio. Termine de desinfectar mis heridas y tomé un largo baño y así se me hicieron las dos am. Salí del baño y me coloqué una pijama, fui a la habitación y me recosté al lado de Sarah. Sentí una gran paz al estar a su lado pero la cama se sentía vacía sin Sallie. Sallie…
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