El retiro del director

496 Palabras
El escándalo se originó en las autoridades del comité de los Institutos. La cazadora de Alemania estaba furiosa reclamando que pusieran patrullas en todo Berlín inmediatamente. Otro, un hombre de sesenta años, estaba en desacuerdo, ya que aquello provocaría incertidumbre en la población, desfavoreciendo el pacto de la guerra. La mujer lo miró con fastidio. Ellos nunca estaban de acuerdo con sus principios. El director, Albert Harris, pidió un régimen de toque de queda con la mayoría de votos de los otros Institutos de Cazadores. El cazador, Caleb, estaba representando a su jurisdicción y presentando el caso de Héctor Clarkson. Había un revuelo en el comité que imagino que ocurriría. Sobre todo, entre la cazadora de Alemania y el tipo de Estados Unidos. Pasó su mano por toda su cara, intentando quitarse el cansancio y el estrés social provocado por su novia, Aura. La responsable de todo. La amaba, entendiendo los propósitos de ella de llegar a resolver la Segunda Guerra de Sangre con el apoyo y conocimientos de Héctor, su ancestro. —¡Ah, Dios! Estos muchachos van a llevarnos a la destrucción de nuestra raza.—se quejó la cazadora de Alemania. Su nombre era Betina. —Las cosas cambiaron, los tiempos también. —mencionó Rubén, el representante de Estados Unidos—Dale una oportunidad a estos chicos. Presiento que lograrán llevarnos a una victoria. —¡Por favor! Escucha lo que decís, ¡Es una locura, viejo estúpido! —No queremos asustar a la gente, que ya tienen suficiente con las masacres de hace unos meses. —dijo Albert Harris. Miró a Caleb—Nadie tendrá permiso de actuar sin una orden del comité, ¿Entendido? —Sí, presidente. Lo entiendo.—dijo, parpadeando los ojos azules. —Se termina la sesión. Se dictará el toque de queda para todo el mundo. Los representantes se encargaron de poner la noticia en los medios de comunicación para alcanzar a toda la población. —ordenó Albert, recogiendo su vaso de agua y bebió unos sorbos—. Caleb, espérame. No te vayas todavía. Quiero hablar contigo. Los demás se incorporaron de sus lugares. Salieron del gran salón. Las paredes estaban revestidas de madera oscura. Las luces eran dos enormes candelabros del siglo XIX. La larga mesa se ubicaba en medio del lugar, con todas las sillas de cada continente y algunos países que actuaban independientemente de los demás. Albert llamó a Caleb que se acercó. Le convidó un vaso de brandy, invitándolo a sentarse en los sillones de la siguiente sala. Cruzaron una puerta que unía ambos lugares. Era una biblioteca. Había muchas estanterías llenas de libros, actuales y del pasado. También, había mapas, diarios de otros antiguos cazadores y vampiros escribiendo sus biografías. Podía encontrar lo que fuera. —Bueno, necesitaba hablar contigo en privado.—dijo el director de anteojos grandes y redondos. Vestía un Jersey gris y unos pantalones cómodos. —Voy a retirarme de mí puesto. Necesito descansar de todo esto.
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