1. Día D.
No quiero dilatar en estas páginas estableciendo un perfil personal y tampoco necesito hacerlo puesto que mi tarea encomendada fue muy clara y la necesidad de hacerlo pronto para que el tipo resulte nuestro aliado, es alta.
Recostado en mi cama a las dos de la madrugada, mientras mi esposa dormía a un lado y desde la ventana entraban los gritos de futbolistas noctámbulos, el sueño logró tomarme y me dejé partir.
Desperté al instante. Mis ojos, a diferencia de otros días en que tardo algunos segundos en abrirlos, se acostumbraron rápido a la luz solar y me sorprendió la facilidad con que me puse sobre mis codos para levantarme. Había algo dentro de mí que me pedía ponerme de pie, como si me tomara para apurarme, incluso.
Sin calzarme, crucé la puerta de la habitación y justo al término del pasillo, en donde acostumbro a comenzar a hablar para saludar a mi familia, me quedé quieto ante el panorama. Algo me paro en seco y me di cuenta de que en realidad estaba en un sueño.
O al menos eso creía porque cómo es que podía explicarme que mi esposa, mi hija adolescente, mi pequeño de cinco años y mi suegra estuvieran quietos, tan quietos que ni siquiera se notaba su respiración. El tiempo estaba detenido.
Voy a sincerarme al decir que la escena no me conmovió ni provocó en mí un susto paralizante porque cada noche me planteo una situación imposible de ocurrir para poder dormir, es como contarme un cuento, así que pensé en qué tal vez mi sueño, en el que estaba, era producto de mis últimos pensamientos y satisfecho por encontrar una causa, avancé hasta mi esposa para acercarme. Lo primero que hice h habrán de disculpar por la falta de seriedad de esto, pero quiero expresarme con toda naturalidad, fue darle una palmada en el trasero tal y como acostumbramos y hubiera terminado de ser gracioso si no fuera porque al acto, mi mano sintió el cobrar interno por el tacto súbito. No hace falta que preguntes por qué me llamó la atención esa sensación, te lo diré enseguida.
Durante mucho tiempo hemos creído en la idea de que cuando tengamos un mal sueño nos pellizquemos y de esa forma lograremos despertar, lo cual se contrapone con otra teoría de que en los sueños no podemos sentir dolor. Fiel a esa creencia, lo que hice a continuación fue llevarme los dedos de mi mano derecha a la parte interna de mi codo izquierdo y ahí, con el dedo anular y el índice, tomé un poco de piel, tirándola lo suficiente como para salir de dudas de inmediato. Lo sentí. Volví a hacerlo y la sensación siguió. Desesperado camine de vuelta por el pasillo y al llegar frente al espejo grande examine cada parte de mi rostro, la cabeza, brazos y piernas, el torso. Todo estaba normal, entonces qué podría estar pasando.
Parece que mi situación fue una alarma para los responsables de ese sueño, ahora dicho entre comillas, porque desde la sala escuché la voz de un hombre.
- Luis Fernando Narváez Cazares. Acércate a mí para explicarte lo que necesitas. - Hizo una pausa y siguió. - Hemos de darte una bienvenida breve para entrar a lo importante.
En el mismo lugar en que estaba, junté mis párpados y los apreté tal y como le he hecho en otros sueños para escapar de un peligro inminente y no funcionó. Al abrirlos, en el espejo se reflejó una figura increíblemente hermosa y que en la ligera oscuridad del pasillo resaltaba.
Yo no quería voltear porque tenía miedo, tanto miedo que podría repartirlo entre miles y miles de personas y no tardaría en acabarlo, pero debía continuar.
Le pregunté quién era, que necesitaba y qué podría hacer para despertar, pero solo sonrió. Callé. Eso me miraba. Tragué saliva y casi rogando le pedí que dijera algo.
Para quienes como yo hablan de cosas fantásticas como posibles, es fácil tener planes a o b para las mismas, sin importar si habrán de suceder y en cierto modo incluso deseamos que pasen para así sacar nuestras mejores decisiones, pero sabes, igual que como le ocurre al pasajero del avión que está cayendo o al transeúnte que asaltan, me venció la situación y por un instante pensé llorar.
- No te preocupes, esto es bueno. - Me dijo el ser con un tono de voz tan increíblemente tranquilizador. - Voy a entregarte un regalo para los tuyos que sabrán a través de ti. Serás hoy el encargado de llevar a tu lugar de origen las noticias y de esa forma, habiendo conocido lo que sabrás, tendrán un mejor destino.
Cuando termino de hablar levantó un brazo y alcanzó con un dedo mi frente para un instante después y luego de ver un resplandor tan profundo como el que podría causar un rayo, aparecer en medio de la nada, en un campo abierto con piedras, ramas secas, árboles talados hasta las entrañas y un sol que ardía hasta los huesos.
De forma instintiva me llevé el brazo hasta la frente, donde me tocó el ser, para ver con mayor facilidad, pero al final la maniobra fue solo para quitar el sudor que comenzaba a salir.
Sin haber pasado más de un minuto, el sonido de la tierra y los pedazos de madera me avisaron que alguien se aproximaba así que rápido me giré y ciertamente vi a un anciano acercarse.
El hombre que seguramente pasaba los setenta años tenía su rostro marcado por el tiempo y el trabajo y al ser de tez blanca sus líneas eran evidentes. Iba vestido con un overol de mezclilla encima de una camisa de manga larga que parecía ser bastante calurosa, un par de botas altas como para el agua pero que estaban secas y polvorientas y un sombrero de paja que hacía juego con un par de guantes que se retiraba de las manos al ritmo que caminaba.
El sujeto no dejaba de sonreír y ante ello sentí una preocupación extra porque aún y cuando fuera viejo, su altura de caso dos metros y lo corpulento de su humanidad me harían una presa fácil durante la pesadilla.
- Me dijo un amigo que te encontraría aquí. Yo no lo creo. - Me dijo casi gritando, pero con calma, con verdadera incredulidad. - Pero bueno, voy a cumplir mi parte.
Al terminar de hablar, mis ojos volvieron a cerrarse a la visión y justo cuando estaba a menos de dos pasos, me eché al suelo en posición fetal como para protegerme del ataque, pero mi vergüenza fue tanta cuando el anciano llegó hasta mí y con una mano me levanto para decirme
- Durante toda mi vida jamás estuve en una pelea.