LA DUEÑA DE LA CASA

1314 Palabras
Sorprendida por el humo, Lucrecia sale de su habitación favorita para hacer brujos, y ve que toda la casa está en humo, y va a su pateo. Mirando que el humo sale de la casa vecina, y dice: — Pero este tipo quiere prender las casas, esto no puede seguir así. Lucrecia se cambia de ropa y sale de su casa dispuesta a pelear con Ersaí. Cuando ve a Gentilicio bajarse de un carro, un hombre bastante mayor de edad y uno de sus cuatro hombres, y viene con un regalo en manos. Lucrecia no sabe qué hacer con su otro novio. Cuando este se acerca, y la saluda y le da un beso, diciéndole: — Hoy estas más bonita. — Gracias Gentilicio. Gentilicio ve el humo, y se asusta diciéndole a Lucrecia: — ¡Se te está quemando la casa! Rápidamente, Lucrecia mira hacia tras, y al ver el humo le dice a su novio: — No se quema la casa. — ¿Y ese humo que sale que es? — Es de la casa del vecino. — Ah. Ya veo. — ¿Y eso que tres en las manos? — Es un regalo para ti, tú sabes que nunca vengo con las manos vacías. — Que bien, pero entra a la casa que ya te atiendo. — ¿Qué vas hacer tú? — Voy a exigirle al vecino que apague eso que está haciendo. — ¿Quieres que te acompañe? — No, no, ve y entra a la casa, y te sientas en el lugar de tu agrado. — Bueno, no te demores. — Claro que no. Gentilicio obedece a Lucrecia y entra a la casa. Cuando Lucrecia se pasa a la casa de Ersaí y toca fuertemente la puerta... Ersaí está venteando la leña con una tapa para hacer más fuego, y escucha los fuertes golpes en la puerta, y deja lo que está haciendo y va para la sala... En seguida, Ersaí ve por su ventana que es Lucrecia y siente temor de lo que esta mujer pudiera hacer, y no le abre la puerta. Lucrecia se cansa de tocar fuerte la puerta, ni aun llamando a Ersaí de mala manera para que le abra, pero este no atiende su llamado. Ersaí se va a terminar de hacer su almuerzo, y hace como si nadie estuviera en la puerta... De muy mal humor, Lucrecia se va para su casa. Cuando Gentilicio con una sonrisa en su rostro, le pregunta: — Amor, ¿solucionaste tu problema? — ¿De qué te ríes Gentilicio? ¿Acaso yo estoy de juego? Asustado por el comportamiento de Lucrecia, Gentilicio pone sus dos manos hacia Lucrecia, diciéndole: — ¡Perdóname amor! Lo menos que quiero es tener problemas contigo. Lucrecia se da de cuenta que está tratando mal al hombre que más le da dinero, y recapacita rápidamente, diciéndole a Gentilicio: — Perdóname, perdóname. — Yo te perdono Lucrecia. — Gracias por perdonarme Gentilicio, tú no tienes la culpa de mi mal genio, la tiene Ersaí. — ¿Quién es ese? — El vecino, es donde sale el humo. — Ah. — Pero ya sé que voy hacer para solucionar eso definitivamente, ahora voy a atenderte. — Si... Minutos después, Ersaí termina de cocinar su arroz y de fritar sus huevos, este apaga el fogón, y se va a la sala a comer en la mesa... Ersaí prueba su arroz con huevos, y dice: — Esto quedo muy bueno, rico diría yo... Luego de unos minutos, Ersaí termina de comer su arroz con huevos, y mira el plato limpio, y dice: — Tenía tanta hambre, que este arroz con huevo me pareció la comida más deliciosa que haya comido en mi vida. Ersaí se levanta del comedor y va hacia la ventana, y mira hacia el andén de la casa de Filomena, y piensa: "¿Qué le habrá pasado a la vecina? ¿Será que se enfermó?" Ersaí deja de mirar hacia el andén de la casa de Filomena, y observa el árbol donde arrancó las ramas, y dice: — Bueno, hay que buscar leña para los otros días. Una hora después, Lucrecia despide a Gentilicio, y busca por todos lados una agenda donde ella cree que tiene el número de Martha, pero no lo encuentra, y sale de la casa, y se va a donde una vecina a buscar ese número... Lucrecia llega a donde la vecina de la esquina, diciéndole: — Doña Rubiela, buenas tardes. — Buenas tardes Lucrecia, ¿para que soy buena? — Necesito un favor con gran urgencia, y yo sé que tu no me lo negarás. — Dime, que y me has puesto nerviosa. — Tranquila amiga, solo quiero que des el número de Martha, es que me parece que yo lo anote en una agenda, y esta no me aparece. — Ah, eso... — ¿Qué dices? — Si amiga, espérame aquí, ya traigo mi teléfono. — Bueno. En seguida, Rubiela entra a su casa y trae consigo su teléfono, y entre sus contactos de w******p, encuentra a Martha, y le expresa a Lucrecia: — Ya la encontré. — Que bien, dime rápido ese número. — Bueno. Rubiela obedece lo que le dice Lucrecia y le manda el contacto a su teléfono... Lucrecia le da las gracias a Rubiela, y llama a Martha, pero esta al principio no contesta, y le pregunta a Rubiela: — ¿Este es el número de Martha? — Claro que sí, hace quince días estuve hablando con ella. — Pues, no contesta. En ese instante, Martha contesta el teléfono, diciendo: — Buenas, ¿con quién hablo? — Hola amiga, hablas con Lucrecia de acá de Colombia-Cali, del barrio Ciudad Jardín. — Ah, hola Lucrecia, ¿cómo están por allá? — Pues, como te dijera, no muy bien, pero dime tu, ¿cómo estas allá en España? — Bien, no puedo negar que me ha ido bien. — Que bueno. — ¿Tienes problemas de dinero? — No, no, no, yo no tengo problemas de eso, yo tengo cuatro hombres que me mantienen. — ¿Tú no cambias no, Lucrecia? — Yo no tengo la culpa de ser tan hermosa. Martha se ríe bastante de eso, pero después deja de reírse, y le pregunta a Lucrecia: — ¿Y cuál es el motivo de tu llamada? — Tu sobrino que ahora está viviendo en tu casa, me tiene totalmente enojada. — ¿Cómo así? ¿Por qué? — Me da mucha pena porque es tu sobrino, pero está en juego mi casa y la de los vecinos. — Habla claro, ¿qué pasa? — Tu sobrino está a punto de quemar tu casa, está haciendo un humo muy grande allá dentro y todo ese humo se pasa para mi casa, los vecinos y yo estamos preocupados por un posible incendio. — Pásame a Ersaí. — Él no quiere abrirme la puerta. — Necesito hablar con él. — Espera yo voy hablar con Rubiela para que ella nos haga ese favor. — Bueno. De inmediato, Lucrecia baja el teléfono, y le dice a Rubiela: — Necesitamos que nos hagas un favor. — Lucrecia, yo no quiero estar metida en problemas. — Este es un favor para Martha, ella es la dueña de la casa y, por tanto, ella tiene derecho de hablar con el que sea que este viviendo en ese lugar. — Si, pero te repito; no quiero problemas. Lucrecia se enoja con Rubiela, y le expresa: — Doña Martha está esperando en el teléfono, solo te pido que le lleves este teléfono al sobrino, para que ella hable con él, nada más. Rubiela también conoce que Lucrecia es una bruja muy peligrosa, y piensa que, si se vuelve enemiga de ella, la pueda matar, y cambia de opinión, diciéndole: — Bueno, cálmate Lucrecia, yo le voy a llevar el teléfono al joven...
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