Si Amas, Vale La Pena Intentar Harper se recostó contra la baranda del balcón, la vista de Londres extendiéndose ante ella, un mar de luces que apenas podía disfrutar. La altura le daba una sensación de seguridad, un espacio donde podía pensar y respirar sin la presión del mundo que siempre parecía perseguirla. Sus manos jugaban nerviosamente con la hebilla de su chaqueta, mientras los pensamientos le hacían un nudo en la garganta. Cada vez que Eliot se acercaba, cada gesto que mostraba intención de algo más que trabajo, Harper sentía ese vértigo que la había acompañado toda su vida: la certeza de que si se dejaba llevar terminaría sola otra vez, como con sus padres, como con todos los que había perdido. “No quería perderlo,” pensó. Un crujido detrás de ella la hizo tensarse. Su instin

