A eso de las cuatro, después de que terminaron el helado, Leo tomó las llaves de su camioneta con determinación. — Te llevo a casa... — dijo, firme — No quiero que llegues tarde ni que te pase nada. — Aileen intentó persuadirlo con una sonrisa tímida. — Solo déjame en el puente, está cerca, y además así puedo caminar un poco. — pero Leo negó con la cabeza, apretando suavemente su mano. — Ni lo pienses, me quedo tranquilo si llegas segura, vamos. — ella suspiró resignada, pero agradecida por su preocupación. Subieron a la camioneta, y durante el camino Leo la miraba de reojo, cuidando cada instante para que nada la molestara ni la incomodara. El motor del auto rugía suavemente mientras Leo conducía por las calles hacia la casa de Aileen, ella estaba sentada junto a él, con las manos ap

