Alaia miraba a los hombres de su padre ir de un lugar a otro, no había novedades de Albert y tampoco sobre Kathia. Cada maldito minuto contaba, su prima joder... Rogaba internamente porque siguiera con vida. Su padre le había hablado hace bastante sobre l mundo de la trata de mujeres, era una red que nunca caía. Vladimir no estaba en ese negocio y le desagradaba bastante. Había logrado erradicar en Rusia a las redes de éste tipo pero aún había miles más en todo el mundo y los secuestros de chicas eran cada vez más comunes. - ¿Qué les hacen? - quiso saber Alaia y Damon suspiró. - Las drogan, así están sumisas y no causan molestias a quien pagó por unas horas con ellas. - responde Damon.- Y a algunas se las vende al mejor postor y éstos se la llevan a sus propiedades. Muchas chicas jamás

