Audrey se giró para ver quién había hablado y se encontró cara a cara con Adam. Un destello de sorpresa y atracción cruzó por sus ojos. — Adam... ¿Qué haces aquí? —Preguntó la muchacha casi atorándose con su propia saliva. — Mi amigo es dueño de este lugar, así que pensé en pasar un rato y relajarme un poco—Se terminó de acercar hasta ella, miró un taburete desocupado y se sentó en él —¿Y tú? ¿Cómo terminaste aquí? —¿A qué te refieres? —Preguntó confundida. Sin duda la sorpresa la había dejado casi en estado de shock. —Creí que no te gustaba venir a estos sitios. No sin compañía al menos. La morena soltó una risita nerviosa, la cual brevemente la llevó a sentirse avergonzada por ello. —Bueno, iba a tener una cita a ciegas, pero parece que alguien se olvidó de aparecer—Apenas dijo es

