Chloe:
Lo veía y no lo podía creer, lo juro por Dios, no lo podía creer, mi espalda estaba pegada al respaldo del sofá, mi boca y mis ojos estaban tan abiertos que dolían, en realidad aun dolía la mayor parte de mi rostro por los golpes que Asher me había dado, pero por más que quisiera cerrar aunque sea mi boca, no podía, si aún estaba procesando el hecho de ver a un hombre convertirse en lobo frente a mis ojos, ahora estaba… no sé yo cómo estaba, esto no era un lobo, o un hombre lobo, esto era aún más grande que un caballo, más grueso que un oso, pero era un lobo, un gigante lobo gris, casi blanco.
— Dios mío, ustedes también son hombres lobos, o ¡por Dios, debo irme de aquí! cuando Asher me encuentre, no solo me matara a mí, también a ustedes, Dios, Dios, ¿por qué a mí? — y eso fue todo, colapse como una loca desquiciada, por más que cubrí mi rostro el estúpido gimoteo de mi llanto se filtraba entre mis manos, y los temblores de mi cuerpo se hacían cada vez más violentos.
— ¿No le temes al Alpha que esta frente a ti? —pregunto alguien y podría jurar que era Vito, su voz sonaba incrédula.
— ¿Por qué le tendría miedo si no me ha hecho nada? — pregunte en medio del llanto y no, no estaba loca, desde que era una niña siempre había soñado o mejor dicho creído con que existían las hadas, las sirenas, digo, si alguien escribió de ellas, es porque existían ¿verdad? A demás aun recordaba aquel suceso de años atrás… De acuerdo, quizás si estaba loca.
— Tranquila humana, deja de llorar. — la voz de Dante sonaba profunda.
— No puedo y no me digas humana. — respondí en medio del ataque de llanto que tenía.
— Pero eres humana. — la forma tan despectiva con que habló, ese tono de voz, como si ser humano fuera un crimen, fue lo que provocó que dejara de llorar.
— Pero tú lo haces sonar como si fuera algo horrible, soy humana, nací así, mi nombre es Chloe, ¡CHLOE! ¡llámame por mi nombre y yo te llamara Dante, no hombre lobo! — siempre era mejor estar enojada a estar llorando, esa era mi mejor arma, si me enojaba, no lloraría como una loca desquiciada, ahora estaba de pie, en medio de un gigante lobo y dos hombres que me veían incrédulos, de Dilan no había ni rastro.
— No soy un lobo, ni hombre lobo, ese es mi primo Kek. — dijo sonriendo el peliblanco.
— Oh, bueno, en ese caso tú también eres huma… — mis palabras murieron en mi boca, en el momento que vi como el cabello de Dante se tornaba rojo, y no solo porque su color cambiará, aunque eso sería igual de raro, era el hecho de que se convirtió en fuego. — Dios, dime que no estás haciendo combustión o que no termine por enloquecer. — Dante dejo salir una carcajada, este hombre se reía de mí.
— No humana, ninguna de las dos cosas, soy un brujo. — mi mente quedo en blanco, esto no era real, Dios, ¿cuándo todo se puso de esta manera?, vi a Dilan convertirse en lobo… pero bien puede ser que mi mente lo imaginara, puede ser que mi mente este imaginando todo esto, quizás la verdad era que Asher me descubrió ese día que envié el correo a la policía y me golpeo, debo estar en coma, o muerta.
— No vere más a mis padres. — dije en un susurro al tiempo que caía una vez más en el sofá, bajo la atenta mirada de dos brujos y un lobo que poco me atreví a mirar.
— ¿Qué? — pregunto Vito, y por un momento pensé si su cabello no era real, nunca había visto un n***o tan sólido como ese.
— Estoy en coma, o Asher me mato… — en menos de un parpadeo el lobo estaba sobre mí, o casi, su gran cabeza era lo suficientemente grande como para dejarme inmóvil, sus dientes se lucían con molestia, e incluso un poco de espuma salía de su boca. — ¿Me mataras Kek? — por alguna razón eso me dolió, el pensar que él pudiera matarme, sin embargo, el lobo gimoteo, como si algo le doliera.
— No te hará daño, solo le molesta que nombres al cazador. — baje mi cabeza avergonzada, eso tenía sentido, mi esposo era un cazador, un asesino, temía preguntar a cuantos había atrapado o peor aún… asesinado. — ¿En qué piensas? — no me atreví a levantar mi cabeza, saber que Dante era un brujo me inquietaba, en el peor de los casos, Kek podría matarme, pero el brujo podría hacerme tantas cosas, ¿era como los brujos de las historias y cuentos de niños? ¿O sería bueno? — Humana. — dijo aquello como una amenaza, un aviso de que estaba perdiendo la paciencia.
— Pienso que debería regresar a mi hogar, ya es muy tarde. — respondí en un susurro, la verdad era que estaba impactada con todo esto, me llevo un mes procesar lo de Asher, o mejor dicho lo estaba procesando y ahora… tenía mucho más en que pensar.
— ¿No nos temes? — la pregunta de Vito, al fin me saco de mi aturdimiento, y levante mi rostro.
— Creo que no. — respondí viéndolo a los ojos.
— ¿Por qué? — al parecer mi respuesta lo molesto.
— Se de lo que el humano es capaz de hacer, dos brujos y un lobo… si quisieran matarme ya lo hubieran hecho.
— Soy vampiro, no brujo. — ahora comprendía todo.
— ¡¿Me van a matar verdad?! Me están diciendo todo esto porqué me mataran. — Vito, hizo un ruido demasiado extraño, como un siseo de serpiente o algo por el estilo, mientras que Date dejaba ver más fuego en su cabello y el lobo volvía a mostrar sus dientes, estaba perdida, lo sabía, me matarían, entonces… si ellos existían… también ella. Lleve mi mano al escote de mi camiseta, y la adentre llevándola justo a donde estaba la cicatriz de mi hombro.
— ¡Kiyomi te necesitó, paga tu deuda! — grite acurrucándome en el sofá, mientras veía como sus rostros se distorsionaban mostrando su confusión y entonces todo brillo en un verde jade, que me segó por un minuto.
Los tres primos estaban aturdidos, la humana había desaparecido frente a sus ojos, lo peor era que ellos habían perdido el control ante los dichos de su compañera, ¿Cómo podía creer que la matarían? ¿Cómo podía ser que aun nombrara al cazador? Y lo peor ¿Cómo no lo había rechazado si el intento matarla?
El Alpha volvió a ser un humano, su furia se desvaneció igual que su mate.
—¿Que fue eso? ¿Dónde está? ¿Por qué no la huelo? — Kek estaba alterado, pidiendo explicaciones a Dante ya que este era el mayor de todos.
— No lo sé Kek, eso no fue magia de brujos. — respondió completamente exasperado el peliblanco.
— Ella nombro a Kiyomi. — dijo aun aturdido Vito.
— Es imposible, Dante retrocede el tiempo. — Kek dio la orden y se transformó una vez más en lobo, pero su primo no hizo nada.
— Dante. — apremio Vito, también ansioso por no sabe dónde estaba su compañera.
— No puedo, sea donde sea que este, no puedo retroceder el tiempo y sacarla de allí.
— Imposible. — Dijo el vampiro.
La joven apareció frente a una cabaña de gran tamaño, hecha de madera sólida, en un bosque muy diferente al que rodeaba su nuevo hogar.
— Chloe. — giro asustada al escuchar su nombré, pero entonces la vio.
— Kiyomi. — murmuro aturdida por la belleza de la mujer. — En verdad eres una ninfa. — continúo hablando maravillada.
— Claro, te lo dije aquel día, solo que no lo creíste.
— Ahora lo sé, los vi… hombres lobos, brujos y… vampiros. — la ninfa que no era otra que la tía de Kek, Vito y Dante, la vio con preocupación, la joven humana había pedido su ayuda, pero la ninfa no sabía que estaba escapando de seres sobre naturales.
— Bien querida, ven conmigo, creo que estas en shock, lo mejor es que descanses y te alimente, ya habrá tiempo para charlar.
— No creo que pueda descansar. — rebatió en un susurro, pero Kiyomi solo le sonrió.
La ninfa le dio un té de hiervas y Chloe cayo en un sueño reptador, con ayuda de unas enredaderas, la ninfa la llevo a uno de los cuartos y luego la arropo, mientras le sonreía. Unas horas después cuando llego su mate, Kio el delta de Anuk, con cuatro de sus niños, le dio la noticia de que Chloe estaba allí, algo que al lobo lo alegro, quería conocer a la valiente humana, su hijo Sam de 10 años estaba aún más entusiasmando que cualquiera con que la humana este allí, y decidió que la sorprendería en su forma de lobo.
La noche paso, Chloe estaba muy relajada al despertar, no había tenido pesadillas, de ningún tipo y cuando ingreso al baño, descubrió con asombro que ya no tenía cardenales ni en su rostro, ni en su cuerpo, aun sorprendida bajo las escales, siguiendo las voces, y cuando llego a la cocina no lo podía creer, en aquel lugar había unos diez hombres, cuatro mujeres sin contar a Kiyomi y cuatro niños que iban del año a los 8 años, todos giraron al oler a Chloe en la entrada de la cocina.
— Buenos días, querida Chloe. — no solo la ninfa la saludo, todos los que estaban allí se presentaron, fue así como Chloe descubrió que eran los hijos de la ninfa y del lobo que ahora conocía, Kio.
La familia de la ninfa la trataba muy bien, y le agradecían cada dos palabras, sin embargo, Chloe pasaba su vista por cada uno de ellos, una y otra vez, solo en los hombres, ya que por lo que Kiyomi le había dicho, todas sus hijas eran ninfas, y los varones eran lobos como su padre.
— Se a quien buscas y no está aquí.
— ¿A no?
— No, él te espera afuera. — Chloe mordió su labio y sin pensarlo mucho salió por la puerta principal, seguida de toda la familia.
El lobo que aguardaba por ella ya no era el pequeño cachorro que ella recordaba, ahora tenía el tamaño de un lobo común, comparado con los dos hombres lobos que Chloe había conocido era muchísimo más pequeño, la joven sonrió al ver que su pelaje era el mismo que recordaba, al igual que el brillo de sus ojos, esos que hace ocho años atrás a la humana le derritió el corazón, el lobo, aún era cachorro, solo tenía 10 años, corrió hasta saltar sobre ella y tirarla al césped, Chloe reía como hacía años no lo hacía, mientras el lobo color canela le daba lengüetazos. Pero ese dulce y conmovedor momento desapareció al momento que tres personas aparecieron en el prado cercano, Kek apenas vio la imagen dejo salir su lobo y rugió con furia, provocando que Chloe tomara al pequeño lobo en una pose protectora y que los hijos de Kiyomi se trasformaran, aun sabiendo que aquellos que irrumpieron en su hogar, eran sus primos, las ninfas cubrieron con rocas y enredaderas a la humana y eso despertó la furia de Dante, quien lanzo la primer bola de fuego que impacto aquella fortaleza que sus primas habían generado, Kiyomi hizo un movimiento con su mano y Dante quedo preso de sus rosales, mientras Vito fue aún más osado, y quiso llegar a la humana, encontrándose en el camino con Kio, quien lo lanzo diez metros hacia atrás. Chloe escuchaba los gruñidos y gritos furiosos de la lucha, pero no podía ver que sucedía, sentía al lobo temblar en sus brazos y se dedicó a tranquilizarlo.
— Todo estará bien, no debes preocuparte, yo te cuidare. — le dijo en voz suave.