Me moví, me tomó unos segundos en mi estado de sueño registrar que no estaba en mi propia habitación, ¡podía dormir una semana entera! ¡Esa cama era tan cómoda! Las sábanas eran suaves y acogedoras contra mi piel, y juraría que esas almohadas eran como descansar la cabeza en una nube de lo suaves que eran. Me cubrí con la manta suave hasta el mentón para mantenerme caliente, mientras hundía mi cabeza en la suavidad de la almohada mientras estiraba la mano hacia mi teléfono como solía hacer en las mañanas, y cuando lo hice, mis ojos se encontraron con un par de ojos oscuros que me miraban, ¿o me contemplaban?, desde el otro lado de la habitación. ¡¿Qué carajo?! —A... Alfa Knox —murmuré —,¿qué haces aquí? —dije al verlo sentado en el sillón al otro lado de la habitación, mirándome atent

