El estomago se Holly se contrajo, por un momento, creyó que se iría al suelo cuando un leve mareo se acentuó. Retrocedió con la lentitud de una tortuga a medida que sus ojos se humedecian. A esas alturas, ver a Rodrigo Cardenas le recordaba a una Holly niña que dormía entre muñecas y un monstruo la visitaba en la noche. Una bestia que se subía encima de ella, y inmovilizada por su peso fingía estar dormida cuando en realidad podía ser consciente de todo lo que Rodrigo le hacía. Le daba asco cuando separaba sus muslos. Nauseas al sentir su respiración en su cuello. Mareo, al escuchar sus gruñidos. —¿Estas bien?—se preocupó Bob al verla tan alterada. Sin embargo, Holly seguia retrocediendo y cuando volteó con brusquedad para marcharse de ese lugar, tropezó con un mesero que llevaba un

