KORINA. Después de dejar a mi mamá junto a su esposo y mi bebé en el hotel. Leo y yo nos fuimos a nuestra cabaña en dónde ni bien abrimos la puerta me cargó entre sus brazos, como la primera vez que lo hizo cuando nos casamos. -- Ahora si lo estoy haciendo bien esposa mía?-- le dijo ronroneando en su oreja. -- Eres el último romántico mi amor.-- le dijo riéndose. Subió por las escaleras de dos en dos cómo si yo fuera un peso pluma, mientras me reía sin parar y es que al lado de mi felino era imposible no ser felíz, me divertía con sus ocurrencias cada día que pasaba y como dice Ricardo Montaner en aquella canción que tanto me gusta : Tan enamorados los dos; Quizás te puedas preguntar Que le hace falta a esta noche blanca A nuestras vidas que ya han vivido tanto Que han visto mil col

