Capitulo 3

2076 Palabras
Cap 3 Los pequeños rayos de sol despertaron a Tom, lentamente fue abriendo sus ojos cuando el sonido de un jarrón estrellarse en el piso, lo hizo levantarse de golpe. Lo primero que pensó, fue que alguien había entrado a su hogar, salió rápidamente y se dio cuenta que se trataba de Ana, quién estaba ingresando a la casa una vez más muerta de borracha. Tom suspiró y levantó los trozos de vidrio del suelo y luego se dirigió a la cocina para preparar el desayuno a sus hijos, era una rutina que hacía siempre. Fue por el pequeño Will y lo sentó en su sillita, Lily apareció unos segundos después lista para desayunar. Tom no podía ignorar la desagradable presencia de Ana quien apenas podía mantenerse en pie, trato de respirar e ignorar esa situación, pero cuando vio a su pequeña hija, con la mirada dirigida a su madre, sin probar bocado alguno lo lleno de impotencia. Tom no podía creer como la mujer que él creía que era la mujer de su vida, el tesoro de sus ojos se había convertido en la mujer asquerosa, fastidiosa y ebria qué estaba frente a ellos, no sabía en que momento su querida esposa se había convertido en esa abominable persona. Sintió un nudo en el estómago cuando vio el miedo en su pequeña hija, unas inmensas ganas de agarrar a Ana por el cabello y llevarla a arrastras hasta la habitación le invadian la mente, pero con la sangre hirviendo trató de calmarse y sobrellevar la situación. -Ana, necesito que hoy me ayudes. Tengo una entrevista con la candidata a niñera. - Dijo Tom acercándose lentamente a su mujer. - ¿Ana? El silencio después de que él la llamara hizo que la sangre le hirviera aún más. Ella simplemente lo estaba ignorando, estaba sacando una cerveza de la nevera como si no hubiese nadie a su alrededor, dejó caer su alcoholizado cuerpo sobre el sofá. -Ana, te dije que.. - Las palabras de Tom fueron interrumpida por un estruendoso eructo qué prácticamente se había oído en todos lados, hasta en los más minúsculos espacios. -Qué me importa a quién contrates, mientras los cuide alguien más. - respondió arrastrando las palabras acompañado de un sorbo de cerveza, donde la mitad caía sobre ella. La furia de Tom llegó a tope, estaba cansado y estaba harto de esta situación. - ¿Puedes siquiera mirarme cuando estemos hablando? ¿O es mucho pedir a una persona ebria? Ana se giró furiosa, al parecer a todos los borrachos les dolía qué los llamaran de ese modo. - Ya te lo dije Tom, ¡me importa una mierda! ¡Nunca quise ser madre, detesto a los niños, me dan asco, Lily es una estúpida y Will es solo una bola de mierda y pichi! Tom no podía creer lo que estaba escuchando se volteó por un segundo y vio a la pequeña Lily tapándose los oídos. Tom rápidamente cerró la puerta de la cocina y se dirigió nuevamente a la sombra de lo que había sido la mujer de su vida. -¡¿Qué mierda te sucede? ¿Cómo puedes decir algo así cuando tus propios hijos están aquí?! ¡Maldita sea Ana! - Gritó indignado. Ana furiosa se levantó con la lata de cerveza en la mano, apuntando a Tom - ¿Te enojas conmigo por esas malditas escorias? - Los gritos |llenaban todo el lugar. -Ya basta Ana, ellos te escuchan, por favor comportate como tal. - Tom le dijo poniéndose delante de ella para que no fuera a la cocina. -Y qué si me escuchan, ahora es mi turno, estoy cansada, mi cuerpo se arruinó por tener a esas dos asquerocidades, todo hubiera sido mejor si estuvieran muertos. - Tom furioso le dio una gran cachetada, el rostro de Ana se enrojecio al instante, era la primera vez que Tom le levantaba la mano a su esposa. El rostro de Tom era sacado de una película de terror, tenía los ojos perdidos en la ira, su cuerpo temblaba de la impotencia, no podía escuchar que hablar de lo único que realmente amaba, sus hijos. Ana se mantuvo en silencio un momento, Tom pensó en acercarse y disculparse, ya se encontraba más calmado, no quería que sus hijos los vieran discutir, con escucharlos era más que suficiente. De repente Ana rompió el silencio, se acercó a Tom y empezó a empujarlo con el dedo. -¿Te atreviste a levantarme la mano por esas basuras? - Su voz era severa, pero estaba gritando, aunque poco a poco el volumen y la ira iba tomando fuerza en su cuerpo. - ¡¿Qué mierda te crees? ¿Ah?! - en ese momento los gritos volvieron a estallar, Ana lanzó la lata de cerveza contra la puerta de la cocina, quizo entrar pero Tom se lo impidió, entonces comenzó a destrozar todo lo que estaba en su alcance, tiró los jarrones, los cuadros, los adornos de los estantes, todo. Desde la cocina se podía oír el llanto de los niños, entonces Tom se dirigió a la cocina y tomó a Will en brazos y tomó de la mano a Lily. Ana los ignoro, siguió arrojando todo lo que estaba a su alcance, rápidamente Tom llevó a los niños hasta la puerta de salida -Me llevaré a los niños, cuando llegue tú y yo hablaremos. - Cuando la puerta se cerró detrás de ellos el sonido de un objeto pesado se sintió estrellarse contra la puerta de salida. Antes de llegar al auto Tom abrazo a su hija y le secó las lágrimas. - Cariño, hoy te llevaré a la escuela y Will se quedará con la abuela. ¿Está bien cariño? Así que no llores, todo estará bien, papá se encargará. - La pequeña asintió y subió al auto, Tom sentó a Will en su sillita y se dirigieron a la escuela. Mientras conducía no podía dejar de pensar en todo lo que había estado ocurriendo en su casa últimamente, no podía dejar que Ana arruinara la vida de los niños, si la felicidad de ellos lo tenían que obligar a replantearse su relación con Ana, lo haría. ************ Nicole se levantó con el cuerpo adolorido por estar durmiendo en la banca, sentía frío y apenas había podido dormir bien. Sacó su teléfono vio que eran las 9:00am, aún le quedaba una hora para poder llegar a la cita con el señor Trupper. Guardó su manta en la maleta y se dirigió a un baño público, pagó la entrada y se lavo la cara, se aferró al lavamanos y se miró fijamente al espejo. -Tú puedes Nicole, conseguirás ese trabajo, cueste lo que cueste... Por los dos. - Tocó su vientre y sonrió. Se hizo una coleta alta con su n***o cabello, en su rostrosu, apesar de todo lo que estaba pasando, se reflejaba una profunda tranquilidad y felicidad, lo que le daba una apariencia fresca y profesional. Una vez lista, salió del baño y se dirigió a la dirección que Tom le había entregado. A medida que se iba acercando a su destino, Nicole se sentía abrumada por la idea de no poder obtener el empleo, se sentía insegura por su vestimenta, sentía miedo de fracasar en esto también. Al llegar al edificio, se quedó momentáneamente asombrada. Era elegante y moderno, con un diseño arquitectónico que hablaba de éxito y ambición. Nicole se sintió un poco fuera de lugar, pero se obligó a seguir adelante. Una amable recepcionista la saludó y, tras confirmar su cita, la guió hacia la oficina de Tom. El sonido de los tacones de la recepcionista la hacían ponerse a un más nerviosa, caminaron por un largo pasillo, hasta llegar hasta la última gran puerta. Finalmente estaba frente a la oficina de quién podría llegar a ser su jefe, la recepcionista le hizo un ademán de que podía ingresar. Tomó el pomo de la puerta y lo giró lentamente hasta que ingresó en ella. La oficina era enorme, con grandes ventanales qué dejaban una hermosa vista de la ciudad. Tom Trupper estaba sentado detrás de su escritorio sumido en su trabajo, con una pila de documentos, sin embargo, en ese momento rápidamente levantó su vista, como un depredador mira a su presa, un pequeño escalofrío recorrió el cuerpo de Nicole. Tom Trupper, era el hombre más jodidamente atractivo que jamás haya visto. Su cabello castaño, corto, tupido, su piel blanca, sus ojos oscuros, la poca barba que azomaba en su definida barbilla. Era tan masculino y destilaba sensualidad. —Hola, Nicole —dijo Tom, con una sonrisa que era tanto profesional como amigable—. Bienvenida. Por favor, toma asiento. Nicole obedeció, sintiéndose un poco nerviosa mientras se acomodaba en la silla frente a él. Sus manos temblaban ligeramente, así que las mantuvo apoyadas en su regazo, tratando de controlar los nervios. Tom la observó con atención, sus ojos estaban evaluando cada detalle. —¿Tienes currículum? —comenzó Tom, rompiendo el silencio, pero Nicole negó con la cabeza y Tom apretó los labios. —Ok. No importa, pero cuéntame un poco de ti, cuántos años tienes, tu experiencia en cuidado de niños, disponibilidad con la que cuentas y si te parece aceptable una jornada de 12 horas laborales. —Sí, trabajé como ayudante en una guardería hace unos meses —respondió Nicole, tratando de sonar confiada. —Aprendí a manejar situaciones difíciles con los niños, además me gustan muchísimo. Si me da la oportunidad podría demostrar mis capacidades, además se cocinar comida tradicional, diversos platillos no tan tradicionales y en especial se hacer muchos postres que vuelven locos a los niños. Tom la miraba atento, anotaba cada detalle en una de sus libretas, lo primero fueron sus características físicas, luego lo que logró deducir de su personalidad y pequeños apuntes de la conversación. Sonreía y asentía mientras ella hablaba, lo que hizo que la comunicación fuera más natural. -También, estoy totalmente dispuesta a acomodarme a la necesidades de los niños, de sus horarios y de sus comidas, como también de sus pasatiempos. Tom sonrió nuevamente. —Es exactamente lo que busco. Alguien que se preocupe por mis hijos, que busque sus prioridades primero y no solo un cuidado vacío. Hablaron sobre sus intereses, sus metas y lo que esperaba del trabajo. Con cada palabra, su nerviosismo se iba desvaneciendo, aunque aún había una parte de ella que sentía la presión de poder tener esta oportunidad. Finalmente, Tom le hizo una pregunta que la tomó por sorpresa. —Nicole, ¿qué es lo que más valoras en un lugar de trabajo? Nicole reflexionó por un momento, considerando su respuesta. —Valoro un ambiente positivo donde todos se apoyen mutuamente. Creo que un buen ambiente es óptimo para el desarrollo de un niño, es necesario poder transmitirles amor y seguridad. Tom la miró, pareciendo satisfecho con su respuesta. —Eso es fundamental. Debo informarte que en este momento mis hijos están atravesando por una difícil situación, con mi esposa han habido malos entendidos y no es un ambiente óptimo para criar a dos niños. Nuestro matrimonio está pasando por una crisis y no quiero que los niños estén en medio de todo esto, ellos necesitan ayuda de alguien. Siguieron conversando de la situación de los niños y de Ana, Nicole asentia cada vez que el nombre de Ana salía de la boca de Tom y de como los niños tenían que sufrir por ello. Después de una gran y extensa entrevista, Tom se levantó y se acercó a Nicole para poder estrechar su mano y poder despedirse cordialmente. —Muchas gracias por venir, Nicole. Te haré saber sobre la decisión dentro de poco. Nicole tomó su mano, sintiendo la calidez de su contacto. —Gracias a usted por la oportunidad —respondió, sonriendo sinceramente. —Aunque honestamente me urge el encontrar trabajo, por favor téngalo en cuenta. Tom la miró fijamente, había algo en la joven que le inspiraba confianza, por lo que sin más habló. —¿Sabes qué? Estás contratada, empiezas mañana. Tienes que llegar a las 7:30 de la mañana. —Apunta la dirección en un papel y se lo entrega. —Se puntual, por favor. El rostro de Nicole se iluminó de felicidad —Por supuesto, señor, ahí estaré. Muchas gracias —tomó el papel con la dirección y le dedicó una radiante sonrisa al hombre, luego salió de aquella oficina.
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