Elahe Ikuth empezó a lamerme la cara, desperté y vi que estábamos en el bosque, pero ya era de día y sin duda los árboles no eran los mismo que vi antes. Me levanté, tenía un dolor en la cabeza, Ikuth estaba rondando, olfateandome para saber si estaba bien y entonces a pocos metros de mí vi a Alister. — ¡Alister! Ay, no, no, no. Me acerque a él, ignorando el dolor en mi espalda, tome su rostro, tenías varios raspones y cortes. — Alister, mi amor, despierta. No puede morir, no él, Dios te lo ruego, no puedo perderlo. Escucho un quejido suyo y lo veo abrir los ojos. — Ay Dios gracias – bese su rostro y lo mire. – Mi amor. — Me gusta cuando me dices mi amor – dice débilmente. — No me hagas reír ahora – lo ayudó a medio levantarse. – ¿Estás bien? — La herida sigue sangrando – mir
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


