El salón de la gala estaba repleto de luces brillantes y vestidos deslumbrantes, un espectáculo de lujo y opulencia que me hacía sentir más fuera de lugar que nunca. A pesar de la elegancia del vestido que Gabriel me había obligado a usar, no podía evitar sentirme como una intrusa en un mundo que no me pertenecía.
Gabriel, impecablemente vestido con un esmoquin n***o que resaltaba su porte imponente, me había dejado sola casi tan pronto como llegamos. Lo vi mezclarse entre los invitados, estrechando manos, compartiendo sonrisas calculadas y, ocasionalmente, lanzándome miradas de advertencia.
—Relájate —me había dicho antes de entrar. Pero ¿cómo hacerlo?
Me aferré a una copa de champán que un camarero me ofreció, tratando de evitar las miradas curiosas de los asistentes. Sentía que cada mirada, cada susurro, estaba dirigido a mí.
—Así que tú eres la famosa Emma.
Una voz femenina, suave pero cargada de malicia, me sacó de mis pensamientos. Me giré para encontrarme con una mujer alta y elegante, con un vestido que parecía haber sido diseñado para llamar la atención. Su cabello oscuro estaba recogido en un moño perfecto, y sus ojos brillaban con una mezcla de curiosidad y desprecio.
—Perdón, ¿nos conocemos? —pregunté con cautela.
Ella sonrió, una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
—No, pero he oído hablar mucho de ti. Soy Carolina.
El nombre cayó como una bomba. La ex amante de Gabriel o eso estaba suponiendo. es que su mirada la delataba.
Mi garganta se secó. No sabía cómo responder, pero ella no parecía esperar una respuesta.
—Es curioso cómo Gabriel siempre encuentra algo interesante en lo ordinario. —Sus palabras estaban envueltas en una dulzura venenosa.
—No entiendo a qué te refieres. —Intenté mantener la compostura, aunque mi voz temblaba ligeramente.
—Oh, querida, no te ofendas. Solo digo que debes ser especial para que él... bueno, ya sabes, rompa sus propias reglas.
Antes de que pudiera contestar, Gabriel apareció detrás de mí. Su presencia era imponente, y el aire entre nosotros cambió inmediatamente.
—Carolina, qué sorpresa verte aquí. —Su voz era fría, pero su tono indicaba claramente que no estaba contento de verla hablando conmigo.
—Gabriel, siempre un placer. —Ella le sonrió, ignorando completamente su frialdad.
Gabriel no le devolvió la sonrisa. En cambio, su mano se posó firmemente en mi espalda, un gesto tanto de posesión como de protección.
—Emma, ¿puedes darme un momento? Carolina y yo necesitamos hablar en privado.
Sentí una punzada de algo que no quería admitir: celos. Pero asentí y me alejé, buscando un lugar donde pudiera respirar.
Me escondí detrás de una columna, mi corazón latiendo con fuerza mientras observaba a Gabriel y Carolina. Ella lo tocaba de manera casual, pero íntima, como si lo conociera mejor que nadie. Gabriel, por otro lado, mantenía su postura rígida, pero no apartaba su atención de ella.
Las palabras eran inaudibles desde donde estaba, pero sus expresiones hablaban por sí solas. Carolina sonreía como si tuviera todo bajo control, mientras Gabriel parecía estar al borde de perder la paciencia. Finalmente, ella se inclinó hacia él, diciendo algo que hizo que su mandíbula se tensara.
Gabriel dio un paso atrás, dejando en claro que la conversación había terminado, y se alejó de ella sin mirar atrás.
Cuando volvió a mí
—¿Estás bien? —su voz era baja, pero su tono no dejaba lugar a dudas de que estaba molesto.
—Perfectamente. Parece que tú también has tenido una conversación... interesante. —No pude evitar el tono sarcástico en mi voz.
Él suspiró, pasando una mano por su cabello.
—No tiene importancia.
—¿De verdad? Porque no parecía que ella pensara lo mismo.
Gabriel me miró con esos ojos oscuros que siempre parecían desnudarme.
—Emma, no tienes nada que preocuparte por Carolina.
—¿No? Porque según ella, soy un "experimento interesante".
Su expresión cambió, y por un momento, pensé que iba a perder el control.
—¿Qué te dijo exactamente?
—Nada que no pudieras haberme dicho tú mismo.
Gabriel cerró los ojos por un segundo, como si estuviera tratando de contener su frustración.
—Emma, Carolina es parte del pasado. Lo que sea que te haya dicho, solo lo hizo para confundirte.
—¿Y lo logró? —Lo desafié, cansada de sentirme siempre a la sombra de su vida pasada.
Él no respondió de inmediato. En lugar de eso, me tomó del brazo y me llevó hacia uno de los balcones, lejos de las miradas curiosas.
—Escucha, no debería haber permitido que te acercaras a ella. Carolina no tiene ningún poder aquí. Pero si sigues escuchándola, estás permitiéndole ganar.
—¿Ganar qué, Gabriel? Esto no es un juego para mí.
—Lo sé. —Su voz era baja, casi un susurro. Por un momento, su máscara de frialdad pareció resquebrajarse.
Quise preguntar más, pero la forma en que me miró me detuvo. Había algo vulnerable en sus ojos, algo que nunca había visto antes
Y, por un instante, quedarme callada fue la mejor decisión.