Cuando regresamos a casa, lo primero que hice fue enviarlo a ducharse. Mientras que yo preparaba su cena. Le hacía macarrones con queso. Había dicho que quería algo sencillo. Cuando estuvo listo, lo serví en su plato y lo deje frente a él. Mientras lo veía comer, solo podía pensar en cómo podría ser nuestras vidas después que termine con los estudios. Claramente, ya no podre dedicarle el mismo tiempo que ahora. Sería completamente diferente. Pensaba en si sería necesario que nos mudáramos. Ya que literalmente cambiar de vida también implicaba nuevos aires. No quería ser de esas familias que siempre mudaban de un lado a otro, y le impedía que los niños se desarrollaran de manera correcta, no quería traumar a mi pequeño con eso. Quizás no fuésemos capaces de encontrar otra casa como esta,

