Lunes... Como odiaba los lunes. Sobre todo ese lunes, tenía un examen muy importante de química y no había podido estudiar nada durante el fin de semana. Los nervios la estaban matando ¡No quería reprobar!
Ni siquiera logró hablar con Alizée luego de que se marchara de su casa, el susto que se habían llevado no era nada comparado a la enorme sobreprotección que tendrían que aguantarse ahora. El padre de Alizée nada más verla le dio un abrazo tan apretado que no dudaba en que la hubiese asfixiado durante unos segundos, ni hablar de lo mucho que les agradeció a ambas el cuidarla mientras él no estaba. Era un hombre sumamente adorable sin duda.
Su tía por otro lado le pidió que no saliera durante el fin de semana y la verdad no pensaba desobedecerle, ella también tenía miedo, mucho miedo de que volviese a suceder. Estaba paranoica... Aunque al menos intentaba seguir con su vida normalmente. Fue solo un susto. Mientras más veces se lo repitiera antes se lo creería.
No era la primera vez que sufría un susto de ese tipo. Por ejemplo una vez en la India intentaron asaltarlas, afortunadamente su tía no dudó en defenderlas... Pero aun así el susto estaba. En España su profesora decidió llevarlos en un viaje escolar a una estación de policías, no le agradaban las armas y no pudo evitar salir corriendo en cuanto visitaron el campo de tiro donde los policías practicaban. El sonido de los disparos le aceleraron el corazón como si estuviera en una montaña rusa, sus nervios se dispararon y no supo que más hacer que salir corriendo del lugar.
— Buenos días señorita. — Le susurró alguien al oído.
Eva no tardó en tensarse y sin quererlo dejó escapar un chillido de terror ¡Eso le pasaba por estar pensando en cosas que le daban miedo! Dean se acercó a ella cuando caminaba por el patio del instituto y no lo vio por estar perdida en sus pensamientos.
— Vaya, no sabía que eres tan nerviosa — Se burló él.
— ¡No soy nerviosa! Es solo que... Hoy no es mi día— Murmuró ella luchando por calmar su corazón. — Tuve un fin de semana horrible es normal que cualquier tonto me asuste — Se quejó ella sin pensar.
— ¿Tonto? ¿Entonces ahora soy un tonto? — Preguntó él haciéndose el inocente — Y yo que pensé que te caía bien...
Eva no pudo evitar reírse con la cara que puso Dean, el chico había conseguido que se relajara un poco y olvidara todo lo que la atemorizaba.
— Si no me cayeras bien ya te hubiese soltado una de las palabrotas de mi tía — Bromeó ella.
— ¿Como las que le soltaste el otro día a Léo? — Se rió el chico.
"Uf vaya que recuerdo ese momento. ¡Qué vergüenza!"
— Entonces señorita ¿Qué la ha dejado tan nerviosa? — Preguntó él caminando a su lado.
Con algo más de tranquilidad ambos se sentaron en las escaleras del patio y ella no pudo estar más feliz. ¿Qué posibilidad había de que el chico que le gustaba se acercara a ella tan fácilmente? Era su arcoíris luego de la tormenta.
— ¿No te enteraste? Pensé que todos lo sabían... — Murmuró observando a su alrededor, recibió muchas llamadas y mensajes esa noche.
Incluso alguien llamó a su tía para alertarle de lo sucedido y algunas personas llamaron a la policía.
— ¿De qué? ¿Paso algo malo? — Preguntó él confundido.
Eva le observó a esos hermosos ojos miel que tanto le gustaban y se debatió entre sí contarle o no... Apenas conocía a Dean y un intento de secuestro no era algo que le contaras a alguien que apenas conocías. Pero estaba tan ilusionada con aquel chico que de cierto modo creía que podía confiar en él por completo.
"Al fin y al cabo Dean no es mal chico. Es atento, dulce, inteligente, muy pero que muy lindo ¡E incluso se preocupa por mi!"
— El día del cine, Alizée y yo nos llevamos un gran susto... Unos hombres robaron el auto de su padre y aprovecharon de intentar secuestrar a Alizée... — Relató volviendo a tensarse.
— ¿Qué? ¿Es en serio?... Yo de verdad no sabía nada, me marche en cuanto mis amigos salieron. ¿Pero no las hirieron verdad? — Preguntó el chico aceleradamente evaluándola. — ¡Que susto se deben haber llevado! Diablos... ¿Ambas están bien verdad?
— Si... Pudimos huir por suerte, pero el susto ahí está. — Murmuró ella.
— ¡Qué horror! Yo no creo que supiese que hacer en una situación así. — Dean mantenía su vista clavada en ella, parecía realmente preocupado. — ¿Y tu familia? Me imagino que habrán llamado a la policía.
— Mi tía me ha dicho que lo hicieron y que esos tontos ya fueron atrapados. — Murmuró, aunque realmente no sabía si aquello era verdad o no.
— No te veo muy convencida de ello... — Apuntó él sorprendiéndola.
— Es que... ¿Sabes guardar un secreto? — Preguntó, ahora si dudaba en si continuar contándole cosas.
—- Soy una tumba, señorita — Aseguró él. — Claro si tú quieres.
Bueno… ¿Por qué no? Necesitaba desahogarse y Dean parecía ser tan confiable.
— Yo… lo olvide
— ¿Qué?
— Olvide la mayoría de las cosas que pasaron... — Susurró avergonzada. — Se que es una locura, pero desde que soy pequeña me pasan estas cosas... Olvido por completo los momentos demasiado estresantes. No sé por qué y hasta hora solo mi tía lo sabe.
Pensó que Dean le diría que estaba loca, bien sabía que eso no era normal y le avergonzaba mucho. ¡Tenia la vida que todos los chicos de su edad querían! Y aun así era una cobarde.
— Eso se llama amnesia disociativa — Comentó entonces llamando su atención. — Mi padre era psicólogo y recuerdo que en una de sus clases en la universidad yo actué como si tuviera eso. Te crea lagunas mentales cuando estás en situaciones de estrés. Incluso también en casos extremos, creo, puedes perder tu identidad por horas o días. — Le explicó.
— ¿En serio?... Pero no es normal que yo tenga eso.
Eva lo miraba atenta, ella nunca antes en su vida escuchó algo así. Por supuesto que en algunas ocasiones googleo sus síntomas, pero el internet siempre le arrojaba uno y mil resultados completamente diferentes; además de ello su tía siempre le hizo creer que aquello era algo normal debido a la enorme fobia que le tenía a las armas, o a la exposición a emociones demasiado estresantes o fuertes para ella.
Pero de cierta forma sabía que aquello no era normal...
— No, como tal no es normal en las personas. No aparece de un día a otro en una persona... Supuestamente se da cuando alguien es sometido a situaciones de riesgo, como los veteranos, por ejemplo.
— Pues te aseguro que yo no he estado en ninguna guerra. — Comentó ella haciéndole reír y disminuyendo la tensión del ambiente.
— ¡Le creo mi general! — Gritó él tomando una pose militar.
Dean cambio el tema para hacerla reír y ella, un poco más cómoda, comenzó a charlar con él tranquilamente como él otro día. El chico le caía tan bien que no podía evitar encariñarse cada vez más.
— ¿Tu eres bueno en química verdad? — Preguntó ella de pronto. — Ayúdame por favor — Pidió imitando la cara del Gato con botas haciendo reír a Dean a carcajadas.
— Te ayudare. Pero con una condición — Propuso él. — Si logras pasar el examen al menos con ochenta, te recompensare con lo que tú quieras.
Eva no tardó en aceptar. Le gustaban ese tipo de desafíos, le parecían divertidos y además lograría estudiar para el examen. Y hecho el trato, Dean tomó el tiempo libre que les quedaba para comenzar a explicarle todo aquello que Eva no entendía, la chica no podía dejar de admirarlo por su inteligencia y presto mucha atención a sus explicaciones, quería pasar ese examen y la recompensa sonaba muy tentadora... Cuando finalmente sonó el timbre y todos tuvieron que entrar a clases Eva se sentía más que preparada para el examen.
Los minutos del enorme reloj de pared pasaban lentamente para ella mientras respondía pregunta tras pregunta. En un momento levantó el rostro de la hoja y vio que Dean le sonreía, sin duda ya sabía que pediría de recompensa. El chico se levantó y entrego su examen tranquilamente, ella también logró terminar todas las preguntas aunque le daba algo de miedo pararse a entregarlo. Pero armándose de valor suspiro y finalmente se levantó para entregar la hoja, antes de salir del salón observó a Alizée en la segunda fila completamente concentrada en su hoja... Ya hablaría con ella luego.
— ¿Y bien? — Preguntó Dean apoyado en la pared.
— Creo que ya sé que pediré... — Canturreó ella divertida.
— Muy bien señorita, recuerde el trato — Susurró él antes de alejarse hacía el patio.
"Uf... Este chico va a matarme. Sin duda puedo gritar al cielo que me gusta y no mentiría”
[…]
— ¡Noventa! — Gritó extendiendo su examen frente a la cara de Dean.
— Muy bien, aprendes rápido por lo visto — Murmuró él con una sonrisa — ¿Qué quieres de recompensa? — Preguntó con esa mirada que tanto le encantaba.
Eva no tardó en sonreír y se tocó el mentón con el dedo intentando hacerse la interesante. Podría aprovechar su victoria muy bien.
— Quiero que me lleves a tu lugar favorito. Conozco muy poco de París así que... — Murmuró mientras sentía como sus mejillas ardían.
Dean no tardó en soltar una carcajada mientras ella sentía como si el corazón se le saliera del pecho... Básicamente le estaba pidiendo una cita, o al menos así lo veía ella. Se consideraba una persona con coraje pues era la primera vez que hacia algo así, por supuesto algunos chicos le gustaron en el pasado, pero nada comparado a Dean.
— Esta bien, esta bien, señorita. Entonces pasare por ti mañana
Dean se marchó con el resto de sus amigos y ella por fin pudo respirar con normalidad. Alizée, quien la observaba desde la escalera, no tardó en correr hacia ella y la tomó del brazo. La castaña la arrastró hasta el otro lado del patio tomando completamente desprevenida a Eva.
— ¿Me explicas que acaba de pasar? — Cuchicheó su amiga como si se tratase del mayor secreto del mundo.
— Ay Alizée, sujétame que creo que me desmayo — Dramatizó ella causando carcajadas en ambas.
— ¡Vas a salir con tu Crush! — Chilló Alizée — Cuéntame el secreto yo también quiero tu suerte.
— ¿Suerte? ¡Si yo aun no me lo creo!
Eva parecía flotar en una nube fantaseando con una mil situaciones románticas en la llamada ciudad del amor.
— Vamos, vamos. Respira. Puedes morirte luego de tu cita. — Se burló Alizée. —Por ahora vamos a la siguiente clase.
Sin embargo la chica nunca se esperó que al llegar a casa su buen ánimo peligraría amenazando con derrumbarse…
— No.
— ¡¿Por qué no?! ¡No puedes hacerme esto! — Gritó Eva mientras Irina golpeaba el saco de boxeo con todas sus fuerzas.
No daba crédito a lo que escuchaba, la sobreprotección de su tía ya era demasiado. La pelirroja estuvo horas fantaseando con la mejor cita de su vida solo para darse de bruces con el enorme muro de sobreprotección de Irina.
— En primer lugar yo no sé donde estarás, ni siquiera tú lo sabes. En segundo, no conozco a ese chico y por lo que he escuchado tú tampoco lo conoces mucho. Es peligroso — Zanjó Irina sin siquiera mirarla.
— ¡No es justo! Déjame salir con él, por favor ¿Es que nunca has estado enamorada? — Rogó ella.
Irina dejó el saco de boxeo a un lado y la observó desde su posición, su tía tenía esa mirada turbia de nuevo... Algo en sus palabras termino tocando la fibra sensible de Irina, pero no iba a retractarse. No en ese momento, ya luego le pediría disculpas, pero no iba a rendirse hasta conseguir que le diera su permiso.
— No.
— Hago lo que tú quieras, por favor.
— ¿En serio estas intentando sobornarme? ¿Por un chico, Eva? — Le recriminó ella logrando que la pelirroja bajase la mirada, ciertamente aquello resultaba bajo y era una actitud demasiado infantil. Pero aun así Eva volvió a mirarla dispuesta a ser una adolescente tonta por una vez. — Bien... Si tanto quieres salir con él hagamos un trato.
La propuesta de su tía causo un vacio en su estómago. La alegría y el entusiasmo parecían pelearse con la vergüenza y el miedo. Hacer un trato con Irina podía beneficiarla a corto plazo, pero a largo… No mucho. Contrariada por la situación decidió asentir lentamente, sin duda alguna quería vivir aquel sueño de romance parisino. Irina le mostró entonces una sonrisa ladina causándole un escalofrió, de algún modo u otro su Tita siempre ganaba.
— Te unirás al grupo de defensa personal, sin falta. — Enumeró su tía la primera condición. — Y regresaras antes de las cinco, o te juro Eva que te coloco un GPS de ahora en adelante. ¿Trato?
Eva guardo silencio unos segundos, quería pasar más tiempo con Dean del que su tía le estaba dando... Pero sobre todo, no quería entrar a ese tonto grupo. Le aburría horriblemente y ya antes había recibido muchas burlas por lo poco femenina que era. No era fácil encajar y aunque entendía ahora más que nunca la importancia de defenderse, no quería desarrollar músculos y mucho menos verse como una versión adolescente de un militar.
— Entiende que me preocupa tu seguridad Eva... Lograron escapar ese día gracias a las cosas que sabes, no te vendría nada mal aprender un poco más. — Murmuró Irina, al ver la indecisión de su sobrina.
"No me quedó más que asentir. Sé que no lo hace por mal, simplemente tiene miedo de que algo pueda pasarme. Ella siempre ha sido algo paranoica y no me queda más que tolerarlo.
Bueno todo sea por tener esa cita con el chico más lindo del mundo"
Irina asintió satisfecha y volvió a lo suyo mientras ella corría a arreglarse. No se dejaría amargar su linda velada solo por aquel molesto trato. Cuando dio la hora Eva se encontraba en la sala acomodando su pequeño bolsito mientras los nervios la mataban lentamente.
— Toma — Irina llamó su atención extendiendo ante ella su pequeño kit de emergencias. Eva tan solo pudo elevar la mirada al cielo hastiada de su paranoia.
— ¿Es en serio? No la necesito — Se quejó mientras guardaba su celular.
Pero Irina no iba a ceder con algo tan importante para ella, pues la rubia consideraba que en una situación de peligro hasta el más mínimo objeto útil podía salvarle la vida.
— Sí lo necesitas, nunca sabes que puede pasar — Zanjó ella dejándolo en su mano.
— Tu sobreprotección crece cada día — Susurró ella. — A este paso terminaremos en una burbuja.
— No me retes Eva. — Canturreó su tía antes de marcharse.
Eva decidió callarse y no tentar a la suerte, sabia de lo que era capaz su tía cuando se molestaba y la conocía tan bien que sabía que estaba a punto de molestarse y mucho. No quería pasar un mes encerrada en casa como castigo, así que prefirió callar. Afortunadamente no debió esperar mucho tiempo en aquel incomodo silencio pues el timbre de la puerta resonó en el lugar elevando su ritmo cardiaco en segundos, sentía como si las piernas le temblaran, era la primera vez que un chico le gustaba tanto como para arriesgarse a pedirle una cita... Pero estaba decidida a pasarlo bien pasase lo que pasase. Eva compartió una última mirada con su tía, quien ante el entusiasmo de la chica, la despidió con una sonrisa conciliadora antes de que Eva bajase a abrir la puerta.
Con manos temblorosas giro el pomo de la puerta encontrándose con un sonriente Dean, Eva no pudo evitar sonrojarse ante su dulce mirada, era la primera vez que salía a una cita y aunque estaba muy nerviosa, la emoción le ganaba.
— ¿Está lista señorita? — Preguntó él tan galante como siempre.
— Hasta el infinito y más allá — Bromeó ella.
Dean comenzó a caminar y ella no tardó en situarse a su lado. Le encantaba charlar con él ¡Era tan fácil! Podía hablarle de cualquier cosa, muchos chicos se molestaban con ella cuando se confundía y sin querer hablaba en otro idioma o la veían como un bicho raro por sus gustos extravagantes. Él por otro lado parecía interesado en cada cosa que decía, y aquello no podía entusiasmarla más. Su encaprichamiento a primera vista se estaba convirtiendo rápidamente en un sentimiento cálido y agradable que revolucionaba sus sentimientos.
— Me gustaría visitar tantos lugares como tú —Comento él.
— Tal vez en un futuro puedas... Muchas personas creen que vivir como nómada es una locura y es más seguro tener una casa, pero no sabes de cuantas cosas se pierden las personas por vivir encerrados en sus casas.
— Necesitaría dinero para ello Eva. — Se quejó él.
— Pero no es imposible.
Tal vez era demasiado optimista... Pero así era ella, tal vez se debía a su crianza pues sus tíos siempre le alentaron a no detenerse ante nada y siempre encontrar una salida; así que incluso cuando su Tita colapsaba en el pesimismo, ella se encargaba de levantar su ánimo nuevamente. No existía nada imposible.
— Señorita Eva, bienvenida a mi lugar favorito. — Dean cambió entonces de tema y la condujo hasta lo que parecía ser una pequeña tienda.
Eva le observó empujar la puerta de cristal de aquel local abriendo la puerta para ella como todo un caballero. La chica entró al lugar sumamente emocionada encontrándose con un viejo Arcade de maquinitas de videojuegos retro, maquinas de gancho e incluso alguna mesa de pool y aerohockie. El lugar parecía haber quedado atrapado en el tiempo.
— Vaya... — Murmuró asombrada.
— Bienvenida al pasado.
— Esto es increíble. — Susurró ella alegrando a un nervioso Dean. — ¡Vamos a jugar!
— No te quejes si te gano. ¡Mira que soy el rey del aerohockey! — Se burló él.
Ambos no tardaron en correr hacia los juegos y luego de pagar para conseguir las fichas correspondientes comenzaron a jugar, la tarde no podía ser más divertida y pronto Eva se olvidó de su nerviosismo.
— Me encanta lo divertida que eres Eva. Eres la chica más genial del mundo — Comentó Dean entre risas mientras jugaban al tiro al blanco.
Eva no podía estar más feliz, Dean era el chico de sus sueños, tan perfecto que incluso parecían ser almas gemelas. Creados el uno para el otro. Sin duda valdría la pena el entrar a esas tontas clases…