Poco a poco sus sentidos comenzaron a hacerse presente dejando atrás la paz que la envolvía, no sabía en qué momento se quedó dormida... Sin embargo, el sabor del vodka bajando por su garganta y el enorme dolor de cabeza que parecía querer hundirla hasta el infierno le daba una idea de lo ocurrido. El peso de su cuerpo era sumamente molesto, pero los mareos iban a matarla; abrió los ojos lentamente, procurando no marearse más, sabía perfectamente lo desagradable que podía llegar a ser una resaca de esa magnitud. Pero entonces su corazón dio un vuelco al toparse con la dulce mirada de Alexander, le vio sonreír y no pudo evitar estremecerse cuando este alargó su mano apartando un mechón de su rubio cabello. — Buenos días, Irina. Imagino que tendrás una jaqueca espantosa. — Susurro él, dive

