Parte 1...
Cuatro meses después del evento...
- ¿Hay algo más, Sr. Kriotos?
- No, puedes irte", respondió secamente.
No debería haberlo hecho, pero ya no tenía mucha paciencia para tratar con la gente. Era gruñón, impaciente e incluso grosero a veces. Y fue su propia culpa, nadie tuvo nada que ver.
Era curioso que estuviera así, justo cuando tenía una reunión para decidir dónde se construiría la nueva sucursal de la empresa para crear barcos de lujo.
El negocio iba mucho mejor, después de que consiguiera averiguar quién era el espía que pasaba sus proyectos a la competencia. De hecho, un espía que dormía a su lado en la cama.
Cora Borges.
La chica de pelo castaño, ojos marrones claros que brillaban cuando le miraban.
Golpeó con fuerza su mano sobre la mesa. Se estaba desviando.
No había confesado a sus hermanos porque no había hecho detener a ese espía. No sabían que era ella y no sabían que había huido como una cobarde cuando se enteró de todo.
Si no hubiera hecho el pequeño plan para atrapar al traidor, habría triunfado una vez más y de nuevo su empresa tendría pérdidas, como las otras veces en que sus proyectos fueron robados en su totalidad o en partes y pasados por alto.
Sonrió imaginando lo mucho que les gustaría a los periódicos cotillear y crear mentiras contra él, haciéndole pasar por un idiota enamorado que se dejó seducir por una chica con cara de ángel y mente malvada.
Pero supo manejarlo todo después y evitó problemas mayores y daños más importantes.
En el fondo no tuvo el valor de llamar a la policía y no fue porque tuviera miedo de hacer el ridículo. Era más bien porque estaba muy sorprendido de que ella tuviera la audacia de hacer esto sólo a él.
Encendió la televisión de su despacho sólo para hacer ruido. No prestaba atención a lo que se ponía, ni a la inutilidad del momento, ni a qué nuevo baile se había inventado para que la gente perdiera el tiempo delante de un teléfono móvil.
Sólo quería cambiar de opinión.
A pesar de toda la decepción y la rabia que sentía, no había tirado sus cosas. En el fondo esperaba que ella apareciera un día para recuperar todo y poder volver a ver su cara cínica y mentirosa.
Pero aprovecharía la ocasión para echarle en cara todo lo que había hecho y cómo había recuperado lo que ella le había robado. Le costó trabajo, pero consiguió pruebas de que el competidor no era en realidad el verdadero creador de los planos y proyectos, sino su empresa y la de sus hermanos.
Oyó su nombre en la televisión y parpadeó dos veces rápidamente, pensando que era algo en su cabeza, después de todo, su mente estaba ocupada con su imagen y por eso estaba oyendo cosas.
Pero cuando el reportero de la televisión repitió el nombre, Cora Borges, tuvo que prestar atención. Se levantó y se acercó al televisor, cogiendo el mando y subiendo el sonido.
Todo era muy surrealista.
El reportero hablaba de una mujer que había sido rescatada después de estar atrapada en un lugar desierto, sucio y lleno de bichos durante meses, sin que nadie lo supiera.
Sintió un peso en la nuca. Acercó el televisor al sillón donde se había sentado para prestar atención al reportaje. En realidad era su Cora la que aparecía en las imágenes.
¿Su? ¿No la había echado?
Las imágenes mostraban a un grupo de policías y bomberos entrando en una casa sucia, prácticamente abandonada en medio del monte. Tras unos fuertes golpes, la imagen del helicóptero mostró a unos hombres que salían corriendo por la parte trasera de la casa y se adentraban en el bosque.
Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Le latía rápido y hasta sintió que una gota de sudor le recorría la frente mientras esperaba que la historia continuara.
Los bomberos salieron con una camilla y Cora estaba tumbada en ella. Tenía los ojos cerrados y la cámara enfocaba su rostro. Era de color rojo y parecía tener algunos arañazos.
Tragó con fuerza. Esperó a que mencionaran su nombre, pero era imposible que supieran de su relación con ella, había sido meses antes. Y no todo el mundo lo sabía, sólo los más cercanos que los veían juntos de vez en cuando, pero por lo demás era un secreto para el resto del mundo.
Observó con pesar que tenía un aspecto muy pálido, demacrado y débil. El mismo aspecto que tenía cuando se había escapado de su piso.
Y entonces se quedó atónito.
Se tapó la boca con la mano, aturdido al ver otro ángulo de la cámara, cuando uno de los bomberos se apartó del camino. Estaba embarazada.
Escuchó casi congelado, sintiendo que le temblaba la mano, cuando el reportero anunció que la madre y el bebé, a pesar de todo, estaban lo mejor posible. Que estaba muy debilitada, pero que las primeras pruebas realizadas en la casa mostraban que el niño estaba bien.
Comenzó a respirar profundamente, agitado por la imagen.
El reportero se acercó a uno de los paramédicos y le preguntó por la mujer. Me contestó que estaba débil y que la gestación sería de unas veintiocho semanas, lo que supondría siete meses.
Al parecer, sin más exámenes, el secuestro y el cautiverio no habían afectado demasiado a la salud de la madre y el bebé. Los llevarían al hospital, donde los exámenes más detallados podrían decirles más.
Se levantó de un salto y corrió a sacar su teléfono móvil de su cuaderno y le dijo a su secretaria que llamara urgentemente a su chófer, mientras él ya se dirigía al ascensor para salir.
Cuando llegó a la zona de aparcamiento, su conductor ya le estaba esperando con el coche en marcha. Inmediatamente se subió y empezó a llamar a la policía, identificándose y diciendo que conocía a la mujer en cuestión y que quería saber en qué hospital estaba.
Le dijo al conductor que acelerara y condujera en línea recta. Se recostó en su asiento, sintiendo una terrible sensación en su interior, como si todo fuera culpa suya. Incluso tragar era difícil.