—No puedo excluir que tengas razón —Provocando en el rostro del referido una sonrisa complacida. Tal vez solo para quitarse el descontento, el subcomisario cambió inmediatamente de tema, dirigiéndose a Gennaro—: Está claro que la historia que nos has contado esta noche, de los ejércitos echándose al monte después del 8 de septiembre y de los campesinos que te han vendido la ropa de civil, etcétera y también tu afirmación de que habías llegado a la ciudad solo ayer eran todo patrañas. —Sí, señor, pero siempre porque no podía fiarme de vosotros. En realidad, había llegado hacía unos días, junto con un tal John Cappuoni, un capitán italoamericano, m*****o igual que Jones de la OSS.43 —De la o, ese, ¿qué? —Son las siglas del servicio secreto militar americano, cuyo comandante en Italia nos

