Lluvia mágica.

1454 Palabras
—Ágata deja de jugar — mi padre estaba molesto, era la cuarta vez que me llamaba la atención, nos encontrábamos en el bosque, mi padre me traía aquí para recoger leña, ya que en nuestra humilde casa no contábamos con cocinas modernas, nuestra cocina era de barro y utilizamos la leña para encender fuego. Una tormenta se avecinaba y yo no me apuraba, mi padre había hecho varios viajes y yo apenas estaba panteando la leña, para él era fácil que yo se las amontonara en un solo lugar y él solo venía a cargar y las llevaba al camión. —no estoy jugando — me quejé, cerré mis ojos y disfrute de la brisa que se sentía húmeda anunciando que caería agua, no solo las nubes estaban oscuras, los pajaritos buscaron un refugio. —a no mocosa, ¿y qué mierdas haces? —me tiro una rama que logré esquivarla —solo disfruto de los besos que me da la madre naturaleza — comencé a bailar siguiendo las ramas de los árboles, mi cuerpo se movía igual que ellas, mis manos eran las hojas de los árboles y mi cuerpo su tronco. —Estás igual de loca que tu madre — mi padre tomo el último puño de leña y camino a la salida. Camine detrás de él llevando las demás cosas, la lluvia no tardaría en caer, así que no podíamos seguir con nuestro deber. Mi padre colocó una carpeta sobre la leña para que esta no se mojara y subió al carro. Cuando estaba por subirme sentí como pequeñas gotas caían sobre mí. Cerré mis ojos, extendí mis brazos y dejé que estas invadieron mi cuerpo. —no te llevaré aquí en la cabina si te mojas, hija de la chingada. Ignoré su insulto y me senté en la parte de atrás en un pequeño espacio de arriba de la carpeta que cubría la leña. No me interesaba mojarme, ya que amaba esas caricias. Llámenme loca, pero sentir la lluvia era mágico, eso me recordaba que estaba viva. Llegamos a nuestro pueblo El Paso Hondo, llamado así porque sus casas estaban construidas en lo que podía ser una especie de hoyo Desde el cielo se puede ver que el pueblo está en un hoyo grande, que la única explicación que conocemos es que cayó un meteorito y quedó solo el cráter. Pero esa historia no es lo principal aquí, sino él… y ¿Quién es él? Las lluvias siempre te traen algo, desde enfermedades asta problemas, y este caso enfermarme no era un problema, amaba enfermarme, ya que así mi madre me consentía y mi padre dejaba de insultarme y de usar me como su esclava. Lo que trajo la lluvia sería mi muerte, pero en ese momento sus ojos me cautivaron haciéndome sentir más viva que nunca. ¿Conoces el dicho? Ese que tanto mencionan “pueblo pequeño, infierno grande” Así era este pueblo, en ese tiempo sus personas eran envidiosas y venenosas. Así que siempre me mantuve apartada de ellas para evitar que me salpicara de sus salivas que eran tan ponzoñosas. Me bajé del camión viendo esos ojos oscuros que no dejaban de verme, le sonreía por cortesía, pero él mantuvo su semblante serio. Mi padre tomó de mi camisa mojada y me aventó al suelo, no era de sorprenderse que él me tratara así, me levanté como pude y vi que todos me miraban sin mostrar lástima, al contrario, en sus labios una risa se formaba. —Entra a la casa Me ordeno alzando la vos, reí en mis adentros, puesto que él actuaba como un verdadero idiota. —Cómo ordenes padre. — saque mi dedo corazón a los espectadores y le guiñe un ojo al hombre desconocido. —Solo estoy de paso, no me gusta estar mucho tiempo en un lugar. Me había dado una ducha para sacar el ácido del agua de lluvia, cuando entré a la sala ahí estaba ese hombre platicando con mi padre. Lo vi y sonreí, mordí mis labios pensando en que si mi padre lo contrataba lo vería seguido. Esa fue la peor decisión que él tomaría, y eso que papá tomaba las peores decisiones. Me senté frente a mi padre para escuchar su conversación, trabajaba en el campo cultivando tomates, chiles y maíz. Los jóvenes de ese tiempo no querían trabajar bajo el sol, así que era difícil encontrar una persona que trabajará hombro a hombro con mi padre. El joven del que a un no sabía su nombre buscaba trabajo mientras estuviera en el pueblo, las personas con las que se topó lo mandaron con papá. —¿Tu nombre? Pregunto mi queridísimo y amado progenitor, y yo abrí más mis oídos para escuchar. —Ernesto— contesto él y su nombre se me hizo el más hermoso. Esa noche Ernesto se quedó en casa, me miraba debes en cuando, pero no dirigió ni una sola palabra ni conmigo ni con mi madre. Se dedicó a platicar con mi padre, hablar sobre cosas de hombres, de trabajos y del poco cerebro que tenía el esposo de mí madre, oséa sus malas decisiones. Ernesto se quedó en la sala, mi padre me dio una amenaza antes de ir a dormir. — cierra esa puerta con llave, no se te ocurra salir ni al baño. Él pensaba que lo iba a obedecer. —como usted ordene señor Entre a mi cuarto y le puse el seguro, mis padres tenían un sueño profundo, así que no se despertaría en toda la noche, además que mi papito roncaba muy fuerte. Salí de mi habitación y caminé hasta la sala donde estaba el joven, me senté en el suelo frente al sillón donde se encontraba acostado. —¿De dónde eres? — Le pregunté. Él abrió los ojos y giro su cabeza para mirarme. —¿Cómo te llamas? — Me respondió con una pregunta —¿Cuántos años tienes? — Lo ignoré y volví a preguntar, pero él sonrió y se acercó a mí. —¿tienes novio? Mordí mi labio mientras sonreía. —¿te quedarás mucho tiempo? Él cerró los ojos y respiro profundamente sin contestar nada. Me levanté y me acosté junto a él, mi padre se despierta a las siete, él se dio la vuelta quedando frente a mí, estábamos cara a cara. —¿quieres tener sexo? — fue directo, sin ningún rodeo. —No te conozco, además, soy virgen. — Le dije mirando directamente a sus ojos, su mano comenzó a explorar mi cuerpo y sus ojos miraban mis labios. —¿virgen? — sus ojos se oscurecieron y yo solo asentí con la cabeza. —Solo quiero dormir abrazada. — le dije acomodándome en su pecho. —¿haces eso con todos los hombres que trae tu padre? — Me levanté apoyando el peso de mi cuerpo sobre mi brazo. —Eres el primero con quien lo hago, pues me has gustado y te voy a enamorar, para que no te vayas. —¿crees que me enamoraras solo con dormir abrazados? — me volví acomodar en sus brazos y le respondí que se acostumbraría a mí, que cuando se fuera me extrañaría y regresaría por mí. No dijo nada y me abrazó, nos quedamos dormidos o al menos yo sí. Cuando era media noche, me desperté porque no lo sentía, lo busque en el baño, en la cocina y no estaba, me fui para mi cuarto y pensé que tal vez sintió miedo de que mi padre nos encontrara, o miedo a que yo lo enamorara, y por eso había huido. Sentí una mano acariciarme y abrí los ojos con mi corazón latiendo —¿tienes miedo de tu padre? —Me susurro al oído mientras su mano recorría mis piernas —¿Dónde estabas? — Pregunte quitando sus manos —Salí a fumar, cuando entré ya no estabas — Observé la hora y eran las seis con cincuenta y siete minutos, mi padre estaba por levantarse. —Creó que debes regresar a la sala. Él salió del cuarto y yo coloqué el seguro en mi puerta, reí en mis adentros, ahora él pensaría en mí y yo pensaría en él. ¿Por qué hice tal cosa? Porque estaba cansada de los insultos de mi padre, quería salir de ese lugar. Que mejor que una persona que estaba acostumbrado a viajar, si él se enamoraba de mí me pediría que me fuera con él. Al menos eso era lo que mi mente suponía. Nunca le hice caso a los jóvenes del pueblo, ya que mi pensamiento era salir de ahí y huir del maltrato de papá. O al menos de sus reglas.
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