Mientras me veo al espejo no puedo evitar sonreír, no puedo evitar sentirme feliz. Después de mucho tiempo me siento feliz, me siento normal. —Te queda realmente bien —la voz de Elena me saca de mi ensoñación. Está sentada en su cama con una gran sonrisa, tan grande como la mía. —¿De verdad lo crees? —le pregunto a través del espejo. —Te queda mejor que a todas. Ser animadoras es... tu destino —río en cuanto la escucho. —Bueno, no creo que sea mi destino —alargo la última palabra—, pero me gusta. —¡Okey! —se levanta de la cama —, debemos irnos, hay juego así que debemos animarlo y para tu suerte es sin coreografía. Puedes hacer lo que te plazca. Amabas tomamos nuestras cosas y salimos de la habitación. Nos tropezamos como Zoe, la hermana pequeña de Elena, nos despedimos de ella y sal

